sábado, 15 de noviembre de 2008

Boletín No. 31: Los Grandes Cómplices de la universidad Tercermundista de los Maldonado Nacional. Primera Parte.

¿Qué es lo que ha mantenido tan estable este sistema por donde a través de su patética historia han pasado quizás dos docenas de rectores, varias docenas de vicerrectores y talvez cuarenta y tantos consejos universitarios, que ha visto más de cien decanos y un mayor número de consejos de facultad e infinidad de directores y consejos de escuela? ¿Porqué seguimos el mismo curso a pesar del evidente colapso institucional, de su patente fracaso académico y de su total incapacidad para cumplir con su misión y finalidad para con el país? (Ley de Universidades, Artículos 1 al 5).

La explicación de este fenómeno, responsable de los horrores del tercermundismo que agobia al país (y países) está en la poderosa red de cómplices internos y externos que esforzadamente encubre y protege a estas instituciones (a nivel nacional y aun continental)

Los cómplices internos somos nosotros los docentes y los alumnos (estos en menor grado en razón de su inmadurez, falta de conocimientos y experiencia… por eso son estudiantes) y las autoridades que elegimos. Ciertamente nuestra complicidad también se mitiga un tanto porque fuimos llamados aquí a sacar una tarea que con mucho sobrepasa nuestra capacidad. Algo así como los conquistadores españoles, en el sentido de ¿Cómo exigirles a estos un comportamiento moral y equitativo para con los indios si la mayoría eran aventureros y exconvictos sin educación ni principios?

El problema realmente consiste en que nosotros, dedicadamente cooperamos con las autoridades en montar un enorme y costoso pero falso escenario de avances y logros académicos. Son falsos porque de no ser así, este país fuera próspero, pujante, exitoso, primermundista. Es un fraude que se aprovecha de la ignorancia e ingenuidad del pueblo. De nuevo cometemos el mismo malévolo abuso de los conquistadores españoles, porque a cambio del tesoro nacional que nos dan, el sufrido pueblo solo recibe de nosotros un puñado de espejitos y papelitos de colores.

Pero son los cómplices externos los que mayor responsabilidad tienen en mantener nuestro fracaso.

El primer cómplice externo es el gobierno mismo, que teniendo la obligación de resguardar el bienestar del colectivo, se ha negado a evaluar (como sistemáticamente se hace en los países desarrollados) los resultados de su inversión en las universidades. No solo debe conocer si las universidades “han estado al servicio de la Nación y si han colaborado en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales” (Artículo 2 de la Ley de Universidades) sino también si han “realizado una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia y si, mediante sus actividades de investigación y enseñanza, han creado, asimilado y difundido el saber y si han completado la formación integral iniciada en los ciclos educacionales anteriores” y más importante aun, verificar si han formado “los equipos de profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y progreso” (Artículo 3 de la misma Ley).

La respuesta es negativa: No hemos cumplido con ninguno de los anteriores mandatos. No solo porque no tenemos la capacidad de hacerlo sino porque nadie nos supervisa ni pide cuentas. Por eso el país constante y tenazmente profundiza su tercermundismo.

Supervisar y pedir cuentas, por parte del gobierno, no atenta contra la autonomía universitaria: Lo exige la misma Ley de Universidades (mediante el Consejo Nacional de Universidades −Artículo 18− que preside el Ministro de Educación−Artículo 19−; ver también Artículo 20, numerales 10 al 14 sobre lo que habría que hacer cuando las universidades incumplen con esta Ley).

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