La edificación de la catedral fue un acto de heroísmo, increíble audacia e inquebrantable fe por parte de la pequeña comunidad de la aldea que era entonces Huehuetenango. Fue un esfuerzo muy superior al realizado por los pioneros mormones (sin pretender minimizar la odisea de este excepcional grupo religioso) quienes en 1847 iniciaron la construcción de su propio templo el cual no verían terminado sino 46 años después. La ventaja que “teóricamente” tenía el Profeta Brigham Young, mientras liderizaba el desarrollo del territorio de Utah, era poder utilizar en la construcción de su templo a un equipo de técnico de primera, todos inmigrantes europeos (carpinteros, herreros, albañiles, vitralistas, talladores de canteras, ebanistas y otros).
En cambio, el anciano cura Don Juan Bautista de Teherán de Huehuetenango solo contaba con un puñado de humildes indios sembradores de maíz, cuidadores de gallinas y arreadores de cabras. Más adelante veremos que este santo varón no hubiera podido encontrar en ninguna parte de América un contingente de hombres y mujeres mejor capacitados para la tarea. Iguales sin duda, mejores no.
La construcción de la Catedral de Huehuetenango puede catalogarse como verdaderamente milagrosa, entendiéndose esto como un esfuerzo de tan excepcional magnitud impulsado por la fe, que en algún momento la mano divina tendría que intervenir en reconocimiento de esa demostración. O si se prefiere, como un tenaz esfuerzo realizado en condiciones y circunstancias tan imposibles que en teoría no podía tener éxito pero que al final, inexplicablemente, lo tuvo y por si solo.
a) Considerese en primer lugar, el problema de las severas limitaciones materiales de la localidad:
Hacia el año 1850 la ciudad de Huehuetenango era una pequeña y empobrecida aldea de 120 viviendas, todas de un solo piso, construidas de adobe y con techos de paja, alineadas frente a las calles y avenidas que se desprendían de las cuatro esquinas del rectángulo de la plaza central (plaza de armas). Esta plaza medía 50 varas españolas por lado (41.8 metros) y estaba rodeada de cuatro portales de un solo piso, provistos de pilares de madera y tejados de barro donde tenían residencia algunos modestos negocios, la guarnición local y la Municipalidad. En la mitad de la plaza había una pila con cuatro chorros que era el abastecimienjto de agua potable de la pequeña comunidad.
b) Sobre el fondo anterior, considerese ahora el problema del proyecto mismo, tal y cual fue conjeturado por su cura párroco:
La iglesia existente, lugar de reuniones de la feligresía, era una especie de bodegón sombrío con techo de paja. Evidentemente un sitial inapropiado para albergar los santos emblemas. El Padre Teheran, como párroco de la humilde comunidad, sintió que aquello tenía que cambiar.
Pero la visión de la estructura que forjó en su mente (considerando lo dicho sobre las pauperrimas y primitivas condiciones de su parroquia) más parecía la elucubración de una mente senil que un proyecto práctico realizable: Una imponente catedral con dos campanarios y respectivas campanas, una nave central cubierta por una bóveda de medio cañón, asentada sobre siete arcos romanos a ambos lados para absorber la presión de arriba abajo de la bóveda y a los lados de los arcos, dos naves laterales o procesionales cuyos techos no iban a estar simplemente apoyados sobre las paredes laterales sino articuladas a ellas a manera de disimulados contrafuertes, para disipar así la enorme presión de adentro afuera que la pesada bóveda habría de generar.
El presbiterio (sitio donde está el altar mayor) estaría bordeado a los lados por gruesas paredes curvas de granito, las cuales servirían para sostener el gran tambor de concreto (cimborrio) sobre el cual se asentaría la cúpula. Atrás del presbiterio, el coro, donde habría de instalarse un órgano de tubos.
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viernes, 27 de marzo de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XII)

Me voy a permitir tomar como ejemplo el remoto pueblito llamado Huehuetenango (Guatemala), en las serranías de los Cuchumatanes, frío, neblinoso y poblado de pinos. De esa humilde parcela humana, mayormente formada por indígenas de la tribu Quiché y Mam, existen 31 rollos de microfilmes de las páginas de registros parroquiales desde 1819 y civiles desde 1877, relacionados con nacimientos, matrimonios y defunciones hasta 1930. Allí encontré la fecha de nacimiento (y de bautismo) de mi abuela y bisabuelos, fecha de matrimonio con mi abuelo (nacido en San Caralampio, Chiapas, México) y posteriormente nacimiento de siete hijos incluyendo mi padre Horacio. Una complicada red de conexiones locales me unen con cuatro familias del pueblo (Herrarte, Villatoro, Castillo y Aguirre). Arriba y a la izquierda: Mi persona (dos años de edad, 1937) y a mi izquierda, mi primo Lionel Àlvarez, en Huehuetenango.
Utilizando el software mormón (Personal Ancestral File, que puede bajarse sin costo desde http://www.familysearch.org/eng/default.asp) es posible organizar toda la información y construir un árbol genealógico en cualquiera de sus modalidades, no importando la cantidad de nombres que se tenga y realizar sofisticadas búsquedas de los datos recolectados y llevar a cabo transaccciones por Internet mediante el protocolo GEDCOM, internacionalmente aceptado para permitir intercambiar datos con otras personas aun cuando estas estén usando programas genealógicos diferentes.
Pero eso no es todo: Este programa de rescate genealógico de la iglesia mormona también microfilma, con permiso del autor, libros que tengan que ver con la historia de pueblos y ciudades. De esta manera obtuve dos importantes (para mí) libros sobre la historia, geografía y familias de Huehuetenango. Uno, de Don Rubén Rivas Alvarado (Ensayo Autobiografico) y el otro de Don Adrián Recinos (Monografia del Departamento de Huehuetenango) lo que ha permitido dar algo de cuerpo y personalidad a varios familiares de las cuales solo tenía escuetos registros vitales.
Varios investigadores de la especialidad han buscado información en el Centro de Historia Familiar (FHC) de Maracay e inclusive han contribuido donando libros escritos por ellos relacionado con la historia de la región (el Dr. Germán Fleitas Núñez, abogado, connotado historiador, escritor y genealogista, nacido en La Victoria y el Profesor Oldman Botello, periodista, autor de numerosos libros, Cronista de Maracay, natural de Villa de Cura). Pero en general el interés del público venezolano es bajísimo. Haga click en FHC.
Esto ciertamente contrasta con la enorme popularidad que la historia familiar (genealogía) ha mantenido en los países del primer mundo, lugares en donde existen cientos de sociedades genealógicas y sitio de publicación de gran número de exitosos libros especializados en la materia.
Este interés por los antepasados y su historia dista de ser una novedad reciente. El primer libro de la Biblia (Génesis) en el Capítulo 5 hace un esfuerzo por presentar la descendencia de Adán y Eva (Set, Enós, Cainán para arribar, tras el progreso de varias generaciones, al mismo Noé, famoso por su confrontación con el Diluvio Terrenal. Para entonces Noé ya había engendrado a Sem, a Cam y a Jafet. El primero, antecesor de los persas, asirios, caldeos, armenios, sirios (el no menos famoso Abraham sale de Ur de los Caldeos). El segundo (Cam) es antecesor de los pueblos de África y Arabia. Del tercero (Jafet) vendrán los galos, bretones, germanos, rusos, griegos, romanos. La genealogia de Jesucristo en mostrada con gran detalle, tanto partiendo de Maria como de Jose, en ambos casos convergiendo en el Rey David.
Otro notable ejemplo:
“De un solo tronco se originaron estos reinos, cuando comenzó a brillar el sol, al principio de la luz:
Balam-Acab, primer abuelo y padre.
Qoacul y Qoacutec, la segunda generación.
Cochahuh y Cotzibahá, la tercera generación…
Siguen los nombres y en la duodécima generación se llega a:
Don Cristóval, así llamado, que reinó en tiempo de los castellanos”
Esta genealogía y muchas más se encuentran en el Popol Vuh, libro de las antiguas historias del Quiché. Es clara la gran importancia que los Mayas daban también al estudio y registro de las descendencias familiares.
No importa que pensemos que estas concatenaciones son meras leyendas y que los mencionados personajes realmente nunca existieron. El punto a destacar es el esfuerzo de los antiguos en crear registros de relaciones familiares y la intención de preservarlas para generaciones futuras. La idea no declarada es que aun cuando estas líneas genealógicas corresponden a grupos selectos (por virtud de liderazgo o alcurnia real) lo admirable es que cualquiera, con suficiente esfuerzo y determinación podría llegar a conectarse con ellas.
Utilizando el software mormón (Personal Ancestral File, que puede bajarse sin costo desde http://www.familysearch.org/eng/default.asp) es posible organizar toda la información y construir un árbol genealógico en cualquiera de sus modalidades, no importando la cantidad de nombres que se tenga y realizar sofisticadas búsquedas de los datos recolectados y llevar a cabo transaccciones por Internet mediante el protocolo GEDCOM, internacionalmente aceptado para permitir intercambiar datos con otras personas aun cuando estas estén usando programas genealógicos diferentes.
Pero eso no es todo: Este programa de rescate genealógico de la iglesia mormona también microfilma, con permiso del autor, libros que tengan que ver con la historia de pueblos y ciudades. De esta manera obtuve dos importantes (para mí) libros sobre la historia, geografía y familias de Huehuetenango. Uno, de Don Rubén Rivas Alvarado (Ensayo Autobiografico) y el otro de Don Adrián Recinos (Monografia del Departamento de Huehuetenango) lo que ha permitido dar algo de cuerpo y personalidad a varios familiares de las cuales solo tenía escuetos registros vitales.
Varios investigadores de la especialidad han buscado información en el Centro de Historia Familiar (FHC) de Maracay e inclusive han contribuido donando libros escritos por ellos relacionado con la historia de la región (el Dr. Germán Fleitas Núñez, abogado, connotado historiador, escritor y genealogista, nacido en La Victoria y el Profesor Oldman Botello, periodista, autor de numerosos libros, Cronista de Maracay, natural de Villa de Cura). Pero en general el interés del público venezolano es bajísimo. Haga click en FHC.
Esto ciertamente contrasta con la enorme popularidad que la historia familiar (genealogía) ha mantenido en los países del primer mundo, lugares en donde existen cientos de sociedades genealógicas y sitio de publicación de gran número de exitosos libros especializados en la materia.
Este interés por los antepasados y su historia dista de ser una novedad reciente. El primer libro de la Biblia (Génesis) en el Capítulo 5 hace un esfuerzo por presentar la descendencia de Adán y Eva (Set, Enós, Cainán para arribar, tras el progreso de varias generaciones, al mismo Noé, famoso por su confrontación con el Diluvio Terrenal. Para entonces Noé ya había engendrado a Sem, a Cam y a Jafet. El primero, antecesor de los persas, asirios, caldeos, armenios, sirios (el no menos famoso Abraham sale de Ur de los Caldeos). El segundo (Cam) es antecesor de los pueblos de África y Arabia. Del tercero (Jafet) vendrán los galos, bretones, germanos, rusos, griegos, romanos. La genealogia de Jesucristo en mostrada con gran detalle, tanto partiendo de Maria como de Jose, en ambos casos convergiendo en el Rey David.
Otro notable ejemplo:
“De un solo tronco se originaron estos reinos, cuando comenzó a brillar el sol, al principio de la luz:
Balam-Acab, primer abuelo y padre.
Qoacul y Qoacutec, la segunda generación.
Cochahuh y Cotzibahá, la tercera generación…
Siguen los nombres y en la duodécima generación se llega a:
Don Cristóval, así llamado, que reinó en tiempo de los castellanos”
Esta genealogía y muchas más se encuentran en el Popol Vuh, libro de las antiguas historias del Quiché. Es clara la gran importancia que los Mayas daban también al estudio y registro de las descendencias familiares.
No importa que pensemos que estas concatenaciones son meras leyendas y que los mencionados personajes realmente nunca existieron. El punto a destacar es el esfuerzo de los antiguos en crear registros de relaciones familiares y la intención de preservarlas para generaciones futuras. La idea no declarada es que aun cuando estas líneas genealógicas corresponden a grupos selectos (por virtud de liderazgo o alcurnia real) lo admirable es que cualquiera, con suficiente esfuerzo y determinación podría llegar a conectarse con ellas.
Porque la misma sangre de hombres y mujeres hace rato convertidos en polvo fluye por nuestras venas: “Somos los hijos de muchos progenitores, y cada gota de nuestra sangre está conectada con una multitud de ancestros” (Ralph Waldo Emerson, citado por William A. Roskey. How to Trace your Family Tree. American Genealogical Research Institute staff, Doubleday, 1973).
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