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domingo, 21 de junio de 2009

Boletín Especial: La Espada de Simón Bolívar y la Patria (XXXI)

Por lo tanto, se propone la aprobación de una ley que contemple las siguientes disposiciones:

  1. Realizar las gestiones protocolares necesarias ante la Organización de las Naciones Unidas para que la espada del Perú de Bolívar, actualmente bajo la responsabilidad del Banco Central de Venezuela, sea considerada como tesoro histórico de la humanidad.
  2. Colocar la espada del Perú de Bolívar bajo la custodia de los pueblos que formaban la antigua Gran Colombia (Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela).
  3. Construir en Venezuela un monumento nacional apropiado a la magnitud histórica que la espada representa (independencia de la Gran Colombia) y en donde este invalorable ícono pueda ser alojado, protegido y exhibido.
  4. Invitar a los restantes países arriba mencionados a participar en este magno proyecto de reconocimiento histórico.
  5. Los monumentos, en el caso de lograr la participación de los países mencionados en el numeral 2, deberán ser arquitectónicamente similares, todos de estilo colonial clásico y poseedores de la misma majestad general. En algún sitio específico de la estructura exterior del edificio, cada país podrá colocar el emblema o escudo y la respectiva leyenda oficial que lo identifica. Por fuera de cada edificio o panteón, una misma estatua del libertador, recibirá a los visitantes, escoltada en semicírculo por las banderas de los correspondientes países.
  6. Definir otros aspectos tales como un atrio jardín, un área externa de servicios a los visitantes, seguridad y vigilancia, transporte y otros.
  7. Cada cinco años la espada cambiaría de residencia para establecerse, según orden alfabético u otro que pudiera considerarse preferible, en cada uno de los seis países del grupo.
  8. Bajo ninguna circunstancia se permitirá la fabricación de facsímiles de la espada.
  9. Establecer que la espada solo podrá ser manipulada, dentro de intervalos apropiados, por reconocidos expertos internacionales en metalúrgica y joyería, y esto a los fines del mantenimiento, inspección o reparación que se requiera y siempre bajo estrictas medidas de seguridad y protocolo. Ninguna otra persona, independientemente de su rango oficial o personal, está autorizada a tocar o manipular la espada, salvo situaciones de extrema emergencia y notable requerimiento de seguridad del histórico ícono.
  10. Todos los procesos dirigidos a la realización de este proyecto se harán de común acuerdo entre las naciones, mencionadas en el numeral 2 que hayan aceptado participar, siguiendo las normativas y procedimientos que se aprueben a los efectos de su implementación.
  11. La Asamblea Nacional nombrará una comisión de distinguidas personalidades de Venezuela cuya única misión será la de dar inicio a las consultas y contactos preliminares con los otros países.
  12. El proyecto se desarrollará con los países que estén de acuerdo con el mismo.
  13. Otras espadas o sables, que de manera fehaciente se haya establecido que pertenecieron al Libertador, también pueden ser incluidas y exhibidas de la misma manera dentro de los monumentos.
  14. Las disposiciones de los numerales 8 y 9 entrarán en inmediata vigencia al momento que esta ley sea aprobada por la Asamblea Nacional.

sábado, 13 de junio de 2009

Boletín Especial: La Espada de Simón Bolívar y la Patria (XXVI)


Simón Bolívar es, sin lugar a duda, el único héroe histórico de la gran región septentrional de América del Sur. Su genial labor, militar y legislativa, su integridad personal y honorabilidad así como su dramática visión de una Gran Colombia (que momentáneamente logró hacer realidad) lo ubican a la par de los más renombrados próceres del continente Americano (pulse sobre la imàgen para ampliarla).

Porque la Gran Colombia, por efímera que su existencia haya sido, fue un logro político, institucional y territorial, de colosales proporciones. En esa breve encrucijada histórica, Simón Bolívar nos ofrecía la oportunidad de un futuro glorioso (Pulsar).

Simón Bolívar y todo lo que de alguna manera lo representa (estructuras históricas, objetos, escritos) está muy por encima de cualquier ideología local o global, llámese esta puntofijismo, chavismo, capitalismo o socialismo, o cualquier otra que haya surgido o surja en el futuro.

De existir en este momento, cuatro millones de venezolanos dispuestos u obligados a aplaudir el uso de su nombre y emblemas para los fines propagandísticos de un determinado culto personal, habría que reconocer también que hay otros cuatro millones para quienes esta manipulación resulta odiosa y repulsiva. Además hay que contar a millones y millones de latinoamericanos que ven con malestar e indignación este inaudito atropello histórico.

Es importante entender que Simón Bolívar nos representa a todos pero a ninguno en particular. Su prestigio y probidad no están disponibles a ninguna forma de uso personal. Simón Bolívar es uno de esos grandes faros históricos cuyo destino ha sido y es guiar el curso de la humanidad.

Que la humanidad escuche es otra cosa.

Nosotros, perenne barco a la deriva, nunca hemos estado en esa sintonía.

domingo, 8 de marzo de 2009

Boletín Especial: El Libertador Simón Bilívar y la Patria (XIV)

Estamos a fines del mes de febrero (2009) y los apátridas ya iniciaron los primeros ataques incendiarios en la vecindad del Parque Nacional Henri Pittier, sitio que desde hace años ha sido para mi una de las dos mitades del molde con el que he creado la patria en mi interior (haga click aquì). Esta es la mitad que corresponde a su parte física, es decir sus montañas, ríos, aves, bosques y todos los elementos vivos o inertes que conforma su territorio. La otra mitad es la historia, en este caso, obviamente el Libertador Simón Bolívar (Pulsar aquì)

Pero esa patria no es Venezuela, esa patria es la Gran Colombia: Porque no voy a ser yo, aun a estas alturas, quién con mi aprobación, beneplácito o indiferente mirada retrospectiva, se incorpore a la lista de los traidores (Páez, Santander, Gamarra, Flores, Santa Cruz) que, motivados por infames y deleznables ambiciones de poder personal, desbarataron la patria de Bolívar.

Simón Bolívar no solo conoció sino que vivió el territorio (la vasta extensión que comprendía el Virreinato de Nueva Granada −incluyendo la Capitanía General de Venezuela− y el Virreinato del Perú) como ninguno antes ni después lo ha conocido y vivido ni lo conocerá y vivirá jamás: palmo a palmo, a pié, en mula, a caballo (segùn algunos calculan, fueron 123,000 Km!) a veces con las posaderas llagadas y sangrando, con carbunclos (abscesos maduros) sin reventar y reventados.

Este territorio, selva, desierto, pantano, calurosa llanura, grandes lagos, bosques, caudalosos ríos, y frígidos y encumbrados picos y altiplanos, tenía una extensión de 4, 738,900 Km2, (exactamente la mitad del actual territorio de los Estados Unidos de América). Su frontera oriental era la costa del Océano Atlántico y su frontera occidental la costa del Océano Pacífico, esta ultima abarcando la mitad de toda la costa oeste de America del Sur. Así de inmensa era la patria que Bolívar construía. Millones y millones de babas, cocodrilos, delfines, chiguires, picures, tigres, tragavenados, monos, venados, coyotes, peces de todos los tipos y tamaños, miles de especies de aves, millones de especies de exóticos insectos y una flora aun más exótica, todo eso y mucho más habitando en perfecto equilibrio ecológico sobre esa tierra.

Piedras y metales preciosos abundaban en esa tierra, ni hablar de la casi ilimitada riqueza del subsuelo que todavía usamos para sobrevivir diariamente. La Gran Colombia era en verdad El Dorado. Un sitio donde los esforzados hubieran podido crear leyendas pioneras y realizar cualquier noble sueño, por atrevido que este hubiera sido.

Más adelante veremos como las “independencias de La Independencia”, que acabaron con El Dorado mediante el surgimiento de seis naciones (incluyendo a Panamá) de profunda vocación tercermundista, lo único que produjeron fueron catastróficas guerras fratricidas que convirtieron a sus habitantes, en hostiles e indeseables extranjeros los unos para con los otros. Latinoamérica, idéntica en territorio, mestizaje, lengua, religión y tercermundismo, es sin embargo un conglomerado de extranjeros (colombianos, panameños, bolivianos, etc.) que se ven de reojo, con desconfianza y resentimiento mutuo, atentos a erizarse en alharacas de guerras y escaramuzas bélicas a la menor provocación. Nuestra condición es en verdad lastimosa… y en mi opinión, irreversible.

El Parque Nacional Henri Pittier, ubicado principalmente en la vertiente sur de la Cordillera de la Costa, al frente del Estado Aragua, incluye una área de mil kilómetros cuadrados de dicha vertiente los cuales en su época prístina incluían todo tipo de vegetación, especialmente de la llamada selva húmeda así como “espectaculares bosques nublados y una abundante y variada flora y fauna sitio de residencia de 500 especies de aves” (Steven L. Hilty. Aves de Venezuela. Second Edition, Princeton University Press, 2003, p. 31).

Este libro de Hilty (no disponible en Venezuela!) es una verdadera Biblia ornitológica, una referencia indispensable para la identificación de las aves que logro fotografiar en los alrededores del Parque Nacional Henri Pittier. No solamente contiene una descripción de la totalidad de las 1,381 especies de aves conocidas en Venezuela sino que la mayoría de estas aparecen en 67 placas de realísticas ilustraciones a color.

Todavía no he hecho un recuento de cuantas especies he podido fotografiar al aire libre, quizás entre 50 ó 100 de las 500 especies que se supone pueden ser encontradas en esta zona (años atrás la revista National Geographic señaló al Parque Nacional Henri Pittier como un sitio especial para la observación de aves). Pero el lugar está decayendo rápidamente y la cantidad y variedad de animales que aquí viven disminuye de manera evidente. Algunas de las aves fotografiadas no las he vuelto a ver en por lo menos los dos últimos años.

Ni hablar de monos araguatos (aullador), venados, tigrillos y hasta cunaguaros (felinos un poco más grande que el tigrillo) que algunos vecinos recuerdan haber visto en los alrededores. Picures, que yo mismo pude ver y fotografiar, hace tres años que no vienen en busca de las papas cocidas que diariamente les poníamos en el jardín que colinda en la quebrada. Ardillas todavía hay, rabipelados casi no se ven como antes, cuando todavía podían tener su hogar en cuevas naturales de las grandes y numerosas piedras del patio, convenientemente alimentados con huevos de gallina colocados en las cercanías. Ratas y ratones, siguen abundando y con estos, alguna que otra mapanare que vive de ellos.

¿A dónde fueron o donde están ahora los araguatos, los perezosos, los cunaguaros, venados, cachicamos, picures, y otros? Fueron extinguidos a plomazo limpio de estos lares. Algunos pocos, ahuyentados por la pólvora y los incendios, quizás todavía sobrevivan en algún paraje profundo y escondido de los altos bosques nublados. Otros como los murciélagos, grandes y pequeños, así como los sapos y ranas, que hace unos tres o cuatro años atrás eran abundantes, ahora apenas se ven, de vez en cuando, baj0 la forma de uno que otro solitario ejemplar. Están en vías de extinción.

Ahora el territorio le pertenece al hombre, su machete y mechero y a sus perros asesinos (de iguanas, rabipelados y picures) y a ese otro criminal laxamente asociados con nosotros, el gato feral (devorador de huevos y pichones de aves, especialmente pollitos de guacharacas). Esto no significa que el hombre no pudiera compartir la naturaleza con el resto de sus componentes vivos e inertes. Pero requiere de hombres y mujeres que conozcan y amen a su patria (ciudadanos), porque estos, instintivamente, no solo van a respetar el ambiente sino que también harán esfuerzos para su preservación y crecimiento. Ir a: http://picasaweb.google.com/otobgil/HenriPittierIII#5310904164880849282

domingo, 1 de febrero de 2009

Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (V)

En el primer boletín especial sobre El Libertador Simón Bolívar y la Patria, indiqué que tenía algo importante que agregar en beneficio del cuidado que debemos a su legado histórico. No lo hice en el segundo boletín especial ni en los siguientes (III y IV) ni en este (V) porque ha medida que el tema se desenvolvía, aspectos adicionales continuaban y continúan surgiendo en mi mente los cuales no podía dejar de compartir.

Durante su heroica gesta el Libertador fue impulsado por un gran ideal el cual persistió en él hasta el último momento de su campaña libertadora. Aun en su lecho de muerte este ideal aparece prominente en su Proclama del Libertador a los colombianos del 10 de Diciembre de 1830. Este ideal le permitió enfrentar y vencer gigantescos obstáculos y complejos retos logísticos (el cruce de los Andes, por ejemplo, es señalado por los expertos como el episodio más extraordinario y magnífico en la historia de las guerras) llevados a cabo bajo las difíciles y adversas condiciones, físicas y humanas, que prevalecían en el momento: Ese ideal era la patria grande (La Gran Colombia).

Sin embargo, el 20 de Enero de 1830, de manera odiosamente prematura, el grandioso periplo histórico del Libertador llegaba a su término: Rodeado por última vez de la pompa y fanfarria correspondiente al cargo de Presidente, Simón Bolívar dio su discurso político final, el breve Mensaje al Congreso Constituyente de la República de Colombia. El Libertador ya estaba mortalmente dañado por lo que en ese entonces era una incurable enfermedad. Al mismo tiempo comprendía con toda claridad que su labor había sido salvajemente detenida y que el caudillaje, agazapado en los obscuros recesos del poder usurpado, solo esperaba su desaparición para terminar de destrozar su gran obra y repartirse los despojos.

Nadie podrá ser capaz de discernir lo que pasaba por la mente del Libertador en esos momentos. Además tratar de hacerlo sería una imperdonable audacia. Pero al imaginar al Libertador en la silla presidencial presenciando los actos protocolarios de la instalación del Congreso, no encuentro manera de conciliarme con la idea de la pérdida de esos 20 años de intensa y total consagración a la patria. ¿A dónde fueron a parar los sacrificios, las interminables marchas, los campos enrojecidos con la sangre de miles y miles de muertos, los combates ganados, los reglamentos, las constituciones, los gobiernos erigidos, la adulación de los pueblos liberados? ¿A dónde fue a parar la unión, qué fue de la Gran Colombia?

La Gran Colombia… ¡que extraordinario proyecto! Sus fronteras naturales hubieran sido las costas de los dos océanos y su extensión territorial, de 4,738,500 Km2 habría sido exactamente la mitad de la superficie territorial actual de Los Estados Unidos de América! (9,363,500 Km2). Estaríamos en presencia de una poderosa nación pletórica de todo tipo de riquezas: Marítimas, fluviales, lacustres, del subsuelo, agrícolas, ganaderas y turísticas (desde la imponente cordillera de los Andes hasta la legendaria Gran Sabana), arqueológicas (los monumentos del Imperio Inca, los “extraterrestres” dibujos de Nazca, las viejas ciudades de la floreciente colonia del Virreinato del Perú) contentiva de una exótica y variada fauna y densamente cubierta en muchos sitios por una exuberante vegetación incluyendo una gran parte de la agreste selva de la Amazonía, considerada como la mayor reserva ecológica del planeta.

Pero no iba a ser posible: La acelerada parcelación del hemisferio (que la generación de la independencia recibió unido de España −Virreinato de Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela− ) resultado de la ambiciosa y primitiva mentalidad de los caudillos vernaculares que fueron Páez, Santander, Flores, Gamarra y Santa Cruz, cada uno reclamando “su patriecita”, dio al traste con el continentalismo de Bolívar a favor de un nacionalismo criollo que pronto retornaría a los viejos privilegios, a la opresión de los pueblos y a un feudalismo aun más cruento que el colonial que España nos había legado (Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar. Caracas 1988, pp. 511, 537).

Es a partir de ese momento que se inicia el largo Getsemaní del Libertador. En menos de diez meses el Sol de Junín arribaría a su ocaso. Un sacrificio no expiatorio porque de este crimen (el asesinato de la Patria Grande, la obliteración de nuestro futuro y la crucifixión de Simón) no hay arrepentidos.