Cuando me aparté ligeramente del curso principal de este blog para hablar sobre Simón Bolívar, o mejor dicho sobre su espada, ícono representativo de su gigantesco esfuerzo independentista y unionista, poco imaginé que no sería sino ahora, 29 entradas después, que culminaría mi contribución específica relacionada con la preservación de la dignidad del Libertador.
Cierto que la dignidad del Libertador de por si se mantiene incólume ante cualquier agresión o abuso y por lo tanto, no necesita de ninguna ayuda para permanecer, eternamente, de esa manera.
Pero es el caso de que dada la escasez o ausencia de ciudadanos (pulsar aquí), nuestra masa poblacional (unos 150 millones de habitantes de la despedazada Gran Colombia) puede ser fácilmente inducida, y de hecho lo ha sido, a aceptar como verídicas las aseveraciones, presentes y pasadas, de que Simón Bolívar habría no solo advocado, sino también sembrado las semillas a partir de las cuales brotaría esa multitud de malabarismos politiqueros, que a lo largo de nuestra terrible historia (posterior a la independencia misma) hemos conocido como liberalismo, conservadurismo, socialismo, puntofijismo, chavismo, aprismo, peronismo o cualquier otra línea “ideológica” caudillista (i.e. paecista, lusinchista, calderista, etc.) propia de nuestro descompuesto tropicalismo tercermundista.
Ese pedido de respeto hacia lo que fue la obra e intención última de Bolívar, ahora sepultadas bajo un cerro de escritos, discursos y ofrendas florales, no va a resolver ninguno de nuestros graves problemas. No va a traer prosperidad, no va a pacificar nuestras calles ni va a poner fin a la corrupción e incapacidad gubernamental. Pero hay que hacerlo porque uno nunca sabe. Y por cuanto la espada es el objeto bolivariano más tangible y representativo de su obra se hace la siguiente propuesta (ver siguiente entrega)
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domingo, 21 de junio de 2009
sábado, 13 de junio de 2009
Boletín Especial: La Espada de Simón Bolívar y la Patria (XXVI)

Simón Bolívar es, sin lugar a duda, el único héroe histórico de la gran región septentrional de América del Sur. Su genial labor, militar y legislativa, su integridad personal y honorabilidad así como su dramática visión de una Gran Colombia (que momentáneamente logró hacer realidad) lo ubican a la par de los más renombrados próceres del continente Americano (pulse sobre la imàgen para ampliarla).
Porque la Gran Colombia, por efímera que su existencia haya sido, fue un logro político, institucional y territorial, de colosales proporciones. En esa breve encrucijada histórica, Simón Bolívar nos ofrecía la oportunidad de un futuro glorioso (Pulsar).
Simón Bolívar y todo lo que de alguna manera lo representa (estructuras históricas, objetos, escritos) está muy por encima de cualquier ideología local o global, llámese esta puntofijismo, chavismo, capitalismo o socialismo, o cualquier otra que haya surgido o surja en el futuro.
Simón Bolívar y todo lo que de alguna manera lo representa (estructuras históricas, objetos, escritos) está muy por encima de cualquier ideología local o global, llámese esta puntofijismo, chavismo, capitalismo o socialismo, o cualquier otra que haya surgido o surja en el futuro.
De existir en este momento, cuatro millones de venezolanos dispuestos u obligados a aplaudir el uso de su nombre y emblemas para los fines propagandísticos de un determinado culto personal, habría que reconocer también que hay otros cuatro millones para quienes esta manipulación resulta odiosa y repulsiva. Además hay que contar a millones y millones de latinoamericanos que ven con malestar e indignación este inaudito atropello histórico.
Es importante entender que Simón Bolívar nos representa a todos pero a ninguno en particular. Su prestigio y probidad no están disponibles a ninguna forma de uso personal. Simón Bolívar es uno de esos grandes faros históricos cuyo destino ha sido y es guiar el curso de la humanidad.
Que la humanidad escuche es otra cosa.
Nosotros, perenne barco a la deriva, nunca hemos estado en esa sintonía.
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Tito Salas
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