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domingo, 1 de marzo de 2009

Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XII)


Me voy a permitir tomar como ejemplo el remoto pueblito llamado Huehuetenango (Guatemala), en las serranías de los Cuchumatanes, frío, neblinoso y poblado de pinos. De esa humilde parcela humana, mayormente formada por indígenas de la tribu Quiché y Mam, existen 31 rollos de microfilmes de las páginas de registros parroquiales desde 1819 y civiles desde 1877, relacionados con nacimientos, matrimonios y defunciones hasta 1930. Allí encontré la fecha de nacimiento (y de bautismo) de mi abuela y bisabuelos, fecha de matrimonio con mi abuelo (nacido en San Caralampio, Chiapas, México) y posteriormente nacimiento de siete hijos incluyendo mi padre Horacio. Una complicada red de conexiones locales me unen con cuatro familias del pueblo (Herrarte, Villatoro, Castillo y Aguirre). Arriba y a la izquierda: Mi persona (dos años de edad, 1937) y a mi izquierda, mi primo Lionel Àlvarez, en Huehuetenango.

Utilizando el software mormón (Personal Ancestral File, que puede bajarse sin costo desde http://www.familysearch.org/eng/default.asp) es posible organizar toda la información y construir un árbol genealógico en cualquiera de sus modalidades, no importando la cantidad de nombres que se tenga y realizar sofisticadas búsquedas de los datos recolectados y llevar a cabo transaccciones por Internet mediante el protocolo GEDCOM, internacionalmente aceptado para permitir intercambiar datos con otras personas aun cuando estas estén usando programas genealógicos diferentes.

Pero eso no es todo: Este programa de rescate genealógico de la iglesia mormona también microfilma, con permiso del autor, libros que tengan que ver con la historia de pueblos y ciudades. De esta manera obtuve dos importantes (para mí) libros sobre la historia, geografía y familias de Huehuetenango. Uno, de Don Rubén Rivas Alvarado (Ensayo Autobiografico) y el otro de Don Adrián Recinos (Monografia del Departamento de Huehuetenango) lo que ha permitido dar algo de cuerpo y personalidad a varios familiares de las cuales solo tenía escuetos registros vitales.

Varios investigadores de la especialidad han buscado información en el Centro de Historia Familiar (FHC) de Maracay e inclusive han contribuido donando libros escritos por ellos relacionado con la historia de la región (el Dr. Germán Fleitas Núñez, abogado, connotado historiador, escritor y genealogista, nacido en La Victoria y el Profesor Oldman Botello, periodista, autor de numerosos libros, Cronista de Maracay, natural de Villa de Cura). Pero en general el interés del público venezolano es bajísimo. Haga click en FHC.

Esto ciertamente contrasta con la enorme popularidad que la historia familiar (genealogía) ha mantenido en los países del primer mundo, lugares en donde existen cientos de sociedades genealógicas y sitio de publicación de gran número de exitosos libros especializados en la materia.

Este interés por los antepasados y su historia dista de ser una novedad reciente. El primer libro de la Biblia (Génesis) en el Capítulo 5 hace un esfuerzo por presentar la descendencia de Adán y Eva (Set, Enós, Cainán para arribar, tras el progreso de varias generaciones, al mismo Noé, famoso por su confrontación con el Diluvio Terrenal. Para entonces Noé ya había engendrado a Sem, a Cam y a Jafet. El primero, antecesor de los persas, asirios, caldeos, armenios, sirios (el no menos famoso Abraham sale de Ur de los Caldeos). El segundo (Cam) es antecesor de los pueblos de África y Arabia. Del tercero (Jafet) vendrán los galos, bretones, germanos, rusos, griegos, romanos. La genealogia de Jesucristo en mostrada con gran detalle, tanto partiendo de Maria como de Jose, en ambos casos convergiendo en el Rey David.

Otro notable ejemplo:
“De un solo tronco se originaron estos reinos, cuando comenzó a brillar el sol, al principio de la luz:
Balam-Acab, primer abuelo y padre.
Qoacul y Qoacutec, la segunda generación.
Cochahuh y Cotzibahá, la tercera generación…
Siguen los nombres y en la duodécima generación se llega a:
Don Cristóval, así llamado, que reinó en tiempo de los castellanos”
Esta genealogía y muchas más se encuentran en el Popol Vuh, libro de las antiguas historias del Quiché. Es clara la gran importancia que los Mayas daban también al estudio y registro de las descendencias familiares.

No importa que pensemos que estas concatenaciones son meras leyendas y que los mencionados personajes realmente nunca existieron. El punto a destacar es el esfuerzo de los antiguos en crear registros de relaciones familiares y la intención de preservarlas para generaciones futuras. La idea no declarada es que aun cuando estas líneas genealógicas corresponden a grupos selectos (por virtud de liderazgo o alcurnia real) lo admirable es que cualquiera, con suficiente esfuerzo y determinación podría llegar a conectarse con ellas.

Porque la misma sangre de hombres y mujeres hace rato convertidos en polvo fluye por nuestras venas: “Somos los hijos de muchos progenitores, y cada gota de nuestra sangre está conectada con una multitud de ancestros” (Ralph Waldo Emerson, citado por William A. Roskey. How to Trace your Family Tree. American Genealogical Research Institute staff, Doubleday, 1973).

domingo, 7 de septiembre de 2008

Boletìn No. 14: Darwinismo Social y Tercermundismo en Latinoamèrica (IV)

En Venezuela, durante la época de la colonia, los indios que habían sobrevivido a las grandes matanzas, trabajaban como esclavos en las haciendas de los creoles. Esta actividad era compartida por esclavos negros provenientes de África y de la región caribeña. Censos eclesiásticos de la época revelan la enorme cantidad de personas que, viviendo bajo estas condiciones de esclavitud, trabajaban mancomunadamente en dichas haciendas.

En esos días, levantar el censo rural era la responsabilidad del cura de cada zona y caserío. En los sitios de su jurisdicción, este dedicado funcionario se desplazaba por el camino principal y entraba en cada casa que encontraba en ambos lados de la calle o camino. En estas, con la familia reunida, el eclesiástico anotaba el nombre y apellidos de cada uno de ellos, incluyendo bisabuelos, abuelos, tíos y otros parientes residiendo en la casa. Pero también anotaba, en dos columnas, el nombre de los esclavos: en una columna los esclavos indios y en la otra los esclavos negros (solo el nombre, pues no se les concedía apellido) tomando nota de los que todavía no habían sido bautizados (microfilmes de dichas actas, donado al archivo genealógico de la IJSUD por el Dr. Germán Fleitas Núñez, notable cronista e historiador venezolano). Estos venerables registros muestran que en cada casa/hacienda había entre 20 y 30 esclavos indios y otros tantos esclavos negros. Esto traería notables consecuencias en cuanto a la conformación poblacional futura.

Porque bajo esas condiciones, en la obscuridad de miserables ranchos o entre los arbustos, quebradas y camburales aledaños, consensualmente algunas veces, forzadamente las más, se propició la mezcla de estas dos razas y después, la de sus descendientes entre sí, evento que continuaría durante los siguientes doscientos años hasta nuestros días, para dar origen a lo que hoy constituye el 70% de nuestra población. Basta con observar el fenotipo de nuestros criollos para advertir en ellos, en variable proporción, la presencia de los característicos rasgos propios de ambas razas.

Sin ir muy lejos, el Presidente Chávez es un criollo clásico que muestra tanto características negroides (el cabello, los labios) como indígenas (ojos pequeños, cuello corto, extremidades también cortas con manos y piés pequeños, piel lampiña y marcada tendencia a engordar bajo la típica dieta occidental rica en carbohidrartos y grasas).

(Para evitar malos entendidos me extenderé un poco más para mencionar que una de mis abuelas era una indígena perteneciente a la tribu Quiché (restos de lo que fuera el notable imperio Maya y autores del libro Popol-Vuh, especie de biblia Maya) y uno de mis abuelos era una mezcla de Azteca con (probablemente) español a medias de segunda generación y de no muy notable alcurnia por cuanto se desempeñaba como peón de una finca en California, cuando esto era todavía territorio mexicano. Una antigua foto de mi padre muestra en él, los rasgos de la inconfundible armonía facial maya).

Por cierto que la capacidad innata al desarrollo de los antiguos talentos se manifiesta en los descendientes mayas actuales: Facilidad para actividades artísticas, en particular la música, la pintura y las manualidades; gran talento para las matemáticas. Tremenda resistencia fìsica especialmente para largas caminatas y trotes. Al menos esto en mi experiencia pero también es probable que estos individuos pudieran llegar a ser arquitectos excepcionales, grandes astrónomos, médicos de primera linea. Estas conclusiones se desprenden de mis años de primaria y secundaria (en Guatemala) en una escuela católica para varones, cuyo fundador y director era el Arzobispo de dicho país (Mons. Mariano Rossell y Arellano). Este prelado se preocupó de que 50% de los estudiantes fueran indígenas puros, escogidos por él mismo, los cuales eran, con el consentimiento previo de sus padres, becados por la parroquia. No solo se les proveía con todo lo que necesitaban para sus estudios sino que además disfrutaban de dormitorio, comida y uniformes. En otra entrega compartiré mis experiencias al lado de estos hermanos indígenas.

Habiendo desarrollado todo lo anterior (ùltimas cuatro entradas) estamos listos para abordar el meollo del asunto: ¿Qué originó nuestro tercermundismo? Y ¿Qué lo nutre y profundiza?