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domingo, 21 de junio de 2009

Boletín Especial: La Espada de Simón Bolívar y la Patria (XXXII)

Hay que conceder que Simón Bolívar no es el único con derecho para templar a mano limpia la gran espada, símbolo de las victorias de Junín y Ayacucho, o cualquiera otra gloriosa espada de su pertenencia. También lo pudieran hacer Jesucristo y Don Quijote, todos los cuales constituyen, junto con el Libertador, según sus propias palabras, una trilogía de majaderos universales que se pasaron la vida arando en el mar.

Hay otra persona más que también podría desenvainar la ilustre espada con toda propiedad. En realidad ya lo hizo en Bogotá, cuando en la terrible noche conspiratoria del 25 de septiembre de 1828, le salvó la vida al Libertador: Manuela Sáenz a quién el mismo Simón Bolívar, al día siguiente, llamaría “la Libertadora del Libertador”.

viernes, 12 de junio de 2009

Boletín Especial: La Espada de Simón Bolívar y la Patria (XXV)

En realidad no se trata de la espada de Simón Bolívar, porque ha habido varias espadas. Empezando porque Simón Bolívar gustaba de regalar espadas a personajes de su simpatía y líderes secundarios de la gesta independentista. Hasta José Antonio Páez habría de recibir la suya de manos de Bolívar, cuando ya taimadamente tramaba la más abyecta traición a la persona e ideales del Libertador. Quizás sea afortunado que ese sable esté desaparecido.

Actualmente existen tres espadas claramente vinculadas con Simón Bolívar.

Una de las espadas es la que pudiera llamarse la Espada de Colombia. Esta espada se encontraba en la Quinta de Bolívar en Bogotá (actualmente monumento nacional y museo). Sin embargo, durante 50 años pasó en vitrina casi olvidada hasta que en 1974 fue robada, con fines propagandísticos, por miembros del movimiento guerrillero M-19. La espada pasó por varias manos, incluyendo las del narcotraficante Pablo Escobar, quien inclusive la llevó consigo a la cárcel de La Catedral. El hijo de Escobar la usó para jugar. (http://es.wikipedia.org/wiki/Robo_de_la_espada_de_Bol%C3%ADvar).

En Enero de 1991 fue devuelta al museo para ser transportada casi de inmediato a una de las bóvedas del Banco de la República. Se supone que en la década del 2000 regresó a la Quinta Bolívar. Esta espada siempre ha estado rodeada de un halo de misterio: ni en la Academia Colombiana de Historia ni en la Quinta de Bolívar, ni la Sociedad Bolivariana por ejemplo, saben su historia ni su origen.

La segunda de las espadas es la Espada del Perú. El pomo, la empuñadura y la guarda así como la totalidad de su vaina fueron detalladamente repujados en oro de 18 kilates y adornados con cientos de diversas piedras preciosas. Fue un regalo que en 1825 la Municipalidad de Lima presentó a Simón Bolívar con la inscripción “Simón Bolívar Libertador de Colombia y del Perú, Chungapoma me fecit en Lima” grabada en la hoja. Esta espada nunca fue usada ni llevada en combate: Bolívar la utilizaba como ornamento durante eventos protocolares. De todas maneras, atrás habían quedado ya las decisivas victorias finales de Junín y Ayacucho.

En 1974, por considerar que el Banco Central de Venezuela (BCV) era un lugar seguro y digno para albergar piezas de inestimable valor histórico, el Ejecutivo Nacional, a través del Ministerio de Relaciones Interiores decidió conferir la custodia de esta espada al instituto emisor, para lo cual se destinó un lugar especial de exhibición permanente, en la mezanine del edificio Sede del BCV. La espada también puede verse a través de la página web del BCV pero las imágenes digitales utilizadas son malas, sea por por falta de foco o por baja definición (Pulsar aquì). Por tal motivo los detalles de la espada, según se describen en dicha página (inscripciones, dragón de oro con ojos de rubí, dos indios de oro en relieve coronados con penachos de diamantes “sosteniendo el ‘hasta’ (sic) con el gorro frigio” y otros elementos de la empuñadura) no son discernibles en las fotos.

Este noble ícono histórico tampoco ha recibido el cuidado y respeto que se merece: El 25 de Julio de 1999 fue desenvainada a mano pelada y la legendaria hoja esgrimida al aire por el propio Presidente Chávez.

Indudablemente sobrecogido por su atrevimiento, el Presidente explicó despuès que “la había desenvainado con el propósito de ‘retar a los venezolanos a ponernos a la altura del genio y la idea de Bolívar’”.

Previo a la osada e injustificable acción, el gobierno confesaría haber perdido la llave de seguridad puesta bajo su custodia, la cual era necesaria para abrir la vitrina de protección que resguarda el histórico artefacto. No es descartable considerar que hayan tenido que romper el receptáculo para sacar la espada.

Además resulta fácil reconocer (basado en sus propios comentarios) que esta fue la primera vez que Chávez la veía. A partir de entonces, múltiples copias de la misma han sido hechas para festejar y regalar a distintos caudillos de América Latina, Asia, África y Europa, algunos de ellos de cuestionable reputación histórica y moral.

El 09 de junio de 2009 visité la mezanine del BCV en Caracas. Pero aun cuando en la página Web de la institución no se advierte al posible visitante o turista de que haya habido cambios, lo cierto es que después del penoso viaje a Caracas, en la sala de exhibición no encontré la famosa espada. Los encargados del sitio (todos muy atentos y serviciales) me informaron que el lugar específico donde se muestra la espada estaba en proceso de remodelación. No quisieron aceptar mi petición de observar de lejos la espectacular joya, “pues en realidad no se encontraba allí en esos momentos” (Pulsar aquì).

Sorprendentemente el sitio no dispone, para los visitantes, de un folleto descriptivo con fotos de la espada, ni tampoco tarjetas postales, afiches u otros recuerdos del ícono bolivariano. Solo se ofrece un tríptico alusivo a la colección de monedas (con la foto de tan solo una de las piezas).

La tercera espada es la Espada Libertadora propiamente dicha, la espada de las luchas de Alexander Petión en Haití y después, con la misma espada, las fallidas incursiones de Francisco de Miranda y finalmente, conducida durante 10 años por Simón Bolívar, la aguerrida espada que habría de abrirse paso en más de 300 combates hasta la completa emancipación de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá (La Gran Colombia).

Esa espada nunca más regresaría a Venezuela. Adelaida Schmidt, quien por herencia la había recibido al final de una distinguida cadena de personajes que la poseyeron después que El Libertador se la regalara al barquisimetano y compatriota General de División Jacinto Lara (a quién Bolívar llamaba “El Ulises de Colombia”) en 1927 decidió donarla al Senado de la República del Perú. Hoy se conserva en el Museo Nacional de Historia, Sala XI, consagrada a la memoria del Libertador.

jueves, 23 de octubre de 2008

Boletin No. 17: La Era de los Caudillos y el Tercermundismo (I)

El proceso emancipador tuvo como obvia consecuencia la ruptura de la unidad administrativa de los virreinatos. Desafortunadamente la unidad geopolítica propuesta por Bolívar y San Martín, indispensable para mantener la estabilidad y fuerza del continente, tampoco iba a ser posible debido al incontenible surgimiento de innumerables caudillos. Esta plaga de individuos, audaces, ambiciosos, inescrupulosos e ignorantes, surgidos inclusive de los mismos hombres de confianza del Libertador (Santander, Páez, Rivadavia, Flores, Bermúdez, Mariño, Córdoba, La Mar, Labatut, Castillo, Piar, Agüero y otros) solo tenían una tarea: Controlar, dominar y explotar para su beneficio, alguno de los muchos territorios ahora disponibles, incluyendo sus aldeas, ciudades y recursos. La fragmentación del continente en multitud de estados y “nuevos países”, improvisados, pobrísimos y vulnerables, pero terriblemente hostiles los unos para con los otros, fue un espectáculo histórico asombroso por lo absurdo y descabellado. Solo el Virreinato de Brasil escaparía milagrosamente a esta catástrofe.

Al tiempo de la reunión de Guayaquil entre Simón Bolívar y José de San Martín, el Virreinato del Río de la Plata había desaparecido y en su lugar la Junta de Gobierno había decretado Las Provincias Unidas del Río de la Plata. El cambio, fue inducido por la invasión Napoleónica a España y el exilio del Rey Fernando VII, al que la regencia de las provincias declaraba lealtad. A partir de ese momento la violencia, la división y el caos reinarían en la región a todo lo largo del siglo diecinueve y gran parte del siglo veinte.

San Martín después de la infructuosa reunión de Guayaquil, resignadamente aceptó la irreversibilidad de la situación del Río de la Plata y sin dudarlo partió al exilio a Francia para al final terminar acogiéndose al noble socorro prestado por españoles (el banquero Aguado) mientras las provincias del antiguo Virreinato se separaban en pequeños estados soberanos encabezados por caudillos apoyados por las montoneras.

Para comprender el aparente o real estado de ánimo derrotista del indudablemente valeroso San Martín, hay que tener una idea de lo que eran las montoneras y para esto nadie mejor calificado que el mismo Charles Darwin quien tuvo la oportunidad de observarlas: “La visión de contemplar el vivac fue salvaje; soldados negros y mestizos de siniestra catadura, envueltos en ponchos rojos, iban y venían; pelotones de indios, hombres y mujeres, pasaban cabalgando semidesnudos o agrupados bebían sangre fresca de las reses recién carneadas, entre suciedad y cuajarones… Las montoneras eran una bárbara caterva de milicias irregulares que seguían fanáticos a sus caudillos, empujados por un odio tan delirante al gobierno de la capital (Buenos Aires) y sus ejércitos regulares que, dice el General Paz, sofocó hasta el noble entusiasmo por la independencia hasta el punto de que ya nadie se acordaba de los ejércitos españoles que amagaban por diferentes puntos.” (Liévano Aguirre, Bolívar, Caracas 1988, p. 289).

Comparado con estos, los Círculos Bolivarianos parecen más bien bebecitos de pecho.

Los caudillos y sus costosas guerras mantendrán la separación de las provincias hasta bien entrado el siglo XIX y al final, hasta perderán territorio dando lugar a la formación de Uruguay y Paraguay. En tiempos modernos ocurre un período intermedio de prosperidad basado en el desarrollo de la industria ganadera y cultivos de trigo (era de Carlos Gardel). Pero el peronismo se encargará de acabar con todo esto y pronto le caerán otros desastres al sufrido pueblo argentino: la era del terror Videla-Galtieri, la desastrosa guerra de las Malvinas, inflación astronómica (3000%), vuelta al peronismo, dos quiebras económicas, el “corralito”, cinco presidentes de la república en el lapso de dos semanas (año 2002) y, por increíble que parezca, vuelta de nuevo al peronismo con Kirchner bajo cuya gestión ocurriría en Argentina una tercera quiebra económica, la mayor en la historia del FMI (que tuvo que salir al rescate con otro préstamo de 21 billones de dólares por encima de los 40 billones de US$ prestados en el año 2000).