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sábado, 13 de diciembre de 2008

Boletín No. 35: Autonomía Universitaria (Misión Imposible II)


Cuando hace 50 años la Universidad de Carabobo, es reaperturada por decreto político, lo que salió a la luz pública, fue esa inútil monstruosidad que se llama universidad Tercermundista de los Maldonado; un imponente mutante, otro desenfrenado mr. Hyde dentro de la estéril e iletrada academia latinoamericana, producto del perverso elixir destilado por los partidos políticos que con la etiqueta “Autonomía” (Artículo 9 de la Ley de Universidades) se ha constituido en el imprescindible jugo vital de este voraz y destructor vástago de la democracia tercermundista (haga click en la figura).

Con esta aberrante decisión (democracia universitaria) estas entidades quedaron bajo el completo dominio de los partidos puntofijistas del momento. Pero no es que este dominio sea utilizado por los partidos con la intención de promover, a ese nivel, sus respectivas ideologías políticas. Porque tal parece que esas ideologías ni siquiera ellos mismos son capaces de articularlas (en los últimos 60 años de vida política a nivel nacional, ningún candidato, social cristiano o social demócrata ha usado la filosofía política de su partido como argumento electoral). Lo que se ha hecho evidente es que la intención primaria de los partidos es controlar y disponer a su antojo y conveniencia del gigantesco presupuesto universitario.

De esta manera la democracia universitaria lo único que ha logrado es anular por completo la posibilidad de redireccionar la labor de estas instituciones hacia los importantes horizontes académicos que deberían ser su meta fundamental. Estos horizontes han desaparecido de la vista haciendo que el escaso esfuerzo académico de estas instituciones sea un esfuerzo errático, divorciado en su intento de los problemas nacionales, locales y aun internos de ellas mismas. Sobreviven porque el vulgo nacional y sus instituciones (la prensa por ejemplo) son fácilmente convencidas al respecto de la profundidad e importancia de trabajos de ascenso de tercera y de dispositivos e inventos cuya única característica sobresaliente es la desfachatez y audacia de sus promotores.

El problema fundamental es nuestra falta de comprensión en relación al concepto de democracia: Asumimos que democracia es la antítesis de tiranía y como entendemos que la tiranía es mala, entonces la democracia tiene que ser buena. De aquí también colegimos, en nuestro razonamiento, que mientras más democracia, más beneficio.

Esa distorsionada lógica ha llevado a las universidades a extremos que además de destructores, son francamente ridículos: Todas las posiciones académicas desde decanos para arriba (rector, vicerrectores, secretario) incluyendo sus respectivos consejos, son electos por voto directo de los docentes e indirectos de los estudiantes. Curiosamente hay un salto democrático en lo que respecta a directores de escuela y directores de institutos.

Pero la democracia resucita a nivel de departamentos (gracias al genial esquema de Eduardo Divo, una historia prototipo que pronto saldrá a luz) cuyos jefes son electos por sus respectivos docentes. A nivel de asignaturas, también triunfa la democracia en la escogencia de sus respectivos jefes. Dentro de estas asignaturas, hay elección para representante de docencia, extensión y servicios e investigación, siendo que los triunfadores se aglutinan para formar las respectivas comisiones de departamento (de docencia, extensión y servicios e investigación). A su vez, cada comisión así integrada, tiene su propio sufragio para escoger al jefe de comisión. Finalmente, con estos jefes de comisión y el jefe de departamento, queda casi integrado el “Consejo de Departamento”. Digo casi porque falta “el representante de los profesores de departamento”, igualmente electo en otra votación de todos los docentes del departamento.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Boletín No. 34: Misión Imposible (I)



Los síntomas (pobreza, atrofia social, inestabilidad política, desorden institucional, corrupción, crecimiento demográfico desbordado, ignorancia, prejuicios, inseguridad, destrucción de recursos naturales, contaminación ambiental, improductividad, infelicidad, desesperanza y otros) definen con certeza la condición que nos está destruyendo: Tercermundismo.

La causa es el Darwinismo social y el grupo de caudillos surgidos como consecuencia de este proceso. Estos caudillos tienen como propósito de primer orden, tomar control de todas las instituciones civiles, militares y religiosas supuestamente encargadas de dirigir y coordinar las actividades de desarrollo y bienestar de los habitantes de la Nación. Pero como su objetivo primordial es utilizar dichas instituciones para aprovecharse lo más que puedan de los recursos que ellas manejan, estos habitantes no recibirán los beneficios que de otra manera pudieran haber recibido.

El caudillo se fija metas a corto plazo (para usufructo inmediato) las cuales se suceden unas a otras hasta done las circunstancias lo permitan (otros caudillos más poderosos pudieran tomar su lugar). Para el caudillo de turno, el único futuro y bienestar que cuenta es el suyo propio (y el de sus asociados) por lo que los intereses de la compañía, o del negocio, o de la institución o de la Nación misma, pasan a ocupar un distante segundo plano.

En el caso de una Nación, esta gradualmente deja de existir para irse transformando en una unidad geográfica de límites más o menos definidos, mínima y deficiente organización institucional y una creciente masa de empobrecidos e infelices habitantes atrapados dentro de sus linderos. Mientras haya algo de materia prima que vender, el conglomerado sobrevive pero bajo condiciones cada vez más adversas y precarias.

Sin embargo, generalmente siempre llega un momento en el que las luchas entre caudillos por controlar el poder, se intensifican de tal manera que llegan a dominar por completo la escena territorial (Darfur, Angola, Etiopía, Eritrea, Congo, Chad, Ruanda, Zimbabwe, etc., países todos, escogidos de otro continente). En ese punto solo una enérgica intervención foránea es capaz de desacelerar el torbellino de desafueros y matanzas.

Como se pudo ver en la figura 2 del boletín anterior, las universidades son esa clase de instituciones, impedidas de cumplir con su elevada función para beneficio del país, porque han sido ilegalmente abordadas por el caudillaje de los partidos políticos en funciones. Por lo tanto han perdido su capacidad para producir los dividendos intelectuales que de ellas se esperaría, aun a pesar de los cuantiosos recursos que reciben del estado.

Tres factores introducidos por los caudillos de esta falsa academia, han desarticulado la capacidad fundamental de las universidades como generadoras de conocimientos y de soluciones a los graves problemas del país:

Primero, la pérdida de su autonomía
Segundo, la falta de profesores e investigadores universitarios
Tercero, la masificación y democratización (política de puertas abiertas) de la enseñanza
(Figura 1) (haga click en la figura para ampliar).


Durante mi campaña del 2004, para rector de la UC, analicé estos tres factores (en boletines impresos que personalmente llevé a cada oficina de los docentes de la institución) y propuse soluciones específicas, indicando, con la necesaria taxonomía, los objetivos a lograr. Tenía la esperanza de que aun cuando no resultara electo para el cargo de rector, un número apreciable de colegas se manifestarían a mi favor, en consideración a la gravísima situación por la que atravesamos. Ciertamente no resulté escogido para el cargo, pero peor aún, apenas una fracción del 1% de los votos se manifestó de acuerdo con mis propuestas.

A pesar de todo, el camino es claro y factible (como mostraré enseguida). Pero en mi opinión y basado en lo anterior, enfrentamos una misión imposible.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Boletìn No. 27: El Gran Mito de la Autonomìa Universitaria (I)

El término autonomía aplicado a los seres humanos significa libertad de pensamiento y acción, esta última –libertad de acción– moderada legalmente para preservar el bien común. Sin embargo, cuando se habla de autonomía universitaria se espera y demanda algo más: se espera que el pensamiento y la acción sean creativos.

Debemos estar claros que el pensamiento creativo es totalmente autónomo, por cuanto se trata de una propiedad innata de los seres humanos (no regulable ni legislable) y por lo tanto no puede ser conculcado ni intervenido. Sin embargo la acción (que resulta del pensamiento creativo) si puede ser restringida, por cierto con graves consecuencias para la autonomía universitaria y para el progreso del país: De poca o ninguna utilidad es la existencia de gran productividad de pensamiento creativo (ideas teóricas y prácticas) si su divulgación y/o implementación es impedida o de alguna manera limitada.

De allí que desde el punto de vista legal, la autonomía universitaria es un concepto netamente administrativo y como tal es definida por ese excelente instrumento jurídico que es la Ley de Universidades. Es en el Artículo 9 de dicha ley en donde se especifica que las universidades son autónomas en los siguientes cuatro sectores 1) organizativo, 2) académico, 3) administrativo y 4) económico.

Esto significa que es mediante su organización y sus recursos académicos y administrativos así como mediante la juiciosa y eficiente utilización de sus haberes económicos (los cuatro sectores de su autonomía) que las universidades facilitan la creatividad de su personal pero también y de manera principal, hacen posible la divulgación, promoción e implementación de los productos de ese esfuerzo intelectual. Con esto se cumple parte de la misión de las universidades: impulsar el bienestar social y promover el progreso nacional.

La autonomía en los cuatro sectores definidos en el Artículo 9 de la Ley es también fundamental para que las universidades puedan garantizar que sus graduandos sean profesionales y técnicos del más alto nivel de competencia. La expectativa es que de esa manera las universidades puedan generar el factor humano de calidad que hace posible la gran tarea de impulsar el bienestar social y promover el progreso nacional.

En la práctica sin embargo, las universidades venezolanas (y latinoamericanas) no son autónomas en el sentido del espíritu del Artículo 9 arriba mencionado. Esto se debe a que el caudillaje de los partidos políticos, desde el mismo inicio de cada una de las universidades venezolanas, inescrupulosamente y amparados en la falta de reglamentación apropiada en cuanto a lo que manda el Numeral 3 de dicho Artículo 9 de la Ley de Universidades, el cual concede a estas instituciones el derecho de “elegir y nombrar a sus autoridades y designar a su personal docente, de investigación y administrativo”, tomaron y han venido tomando posesión y control de todos los puestos claves de la administración universitaria.

Fue una tarea fácil porque la creación de todas las universidades del país fue decisión de los partidos políticos puntofijistas y procedió bajo su control. Pero como la noción de academia o el concepto de educación superior es extraño a la mente y entendimiento de estos caudillos, las instituciones que emergieron mostraron las profundas cicatrices y graves limitaciones resultantes de los asombrosos actos de irresponsabilidad e improvisación de sus planificadores: Todas estas instituciones fueron fundadas en ausencia de personal universitario preparado para afrontar las tareas de docencia e investigación de nivel superior y casi sin excepción, en todas se empezó a ‘dictar clase’ aun en ausencia de edificaciones y entornos apropiados (ver más adelante la dramática aplicación de esta estrategia en la creación de la extensión universitaria en La Morita, Maracay, Estado Aragua).

Galpones, edificios viejos, y estructuras abandonadas insertadas en insalubres y peligrosas barriadas, conformaron los espacios donde se inauguraron estas instituciones, la gran mayoría de las cuales, declaradas entonces como meramente provisionales (caso de la Universidad de Carabobo −ahora uTM−) siguen todavía, después de 50 años o más, sirviendo como sedes de destartaladas facultades y desvencijadas escuelas.

Pero había que empezar, perentoriamente, aun el lunes que viene, a dictar clase y por lo tanto, esta misma semana hay que contratar al personal dictante. La forma como esto se llevó y lleva a cabo todavía, se ilustra perfectamente tomando como ejemplo los eventos relacionados con la creación, en 1976, de la extensión académica de La Morita (medicina, bioanálisis) y de los cuales sirvo como testigo presencial (ver siguiente boletín)