La universidad Tercermundista de los Maldonado (uTM) es un conglomerado político de intereses netamente materiales cuya finalidad es retener a toda costa el poder insti
tucional, para de esa manera garantizarle a la vieja cúpula de caudillos partidistas, los privilegios y disfrutes económicos propios de los altos cargos ejecutivos del ente, pero también de numerosos otros cargos y privilegios menores adjudicados a unos cuantos cientos de sus más fervorosos adeptos. Para dar cumplimiento a esto, la uTM astutamente usurpó la personería jurídica de lo que la ley reconoce (en el papel) como la Universidad de Carabobo, obteniendo así la investidura de “entidad académica de educación superior”.
tucional, para de esa manera garantizarle a la vieja cúpula de caudillos partidistas, los privilegios y disfrutes económicos propios de los altos cargos ejecutivos del ente, pero también de numerosos otros cargos y privilegios menores adjudicados a unos cuantos cientos de sus más fervorosos adeptos. Para dar cumplimiento a esto, la uTM astutamente usurpó la personería jurídica de lo que la ley reconoce (en el papel) como la Universidad de Carabobo, obteniendo así la investidura de “entidad académica de educación superior”. (haga click en la figura)
Bajo esta falsa cubierta y pretensión y a objeto de dar cumplimiento a su finalidad la uTM reclama y obtiene un gigantesco presupuesto proveniente, en su casi totalidad, de los fondos de la nación.
Operacionalmente lo más importante de la uTM es que no tiene objetivos, solo tareas políticas. Estas tareas están encaminadas a una sola y perentoria finalidad: Sin reparar en cuanto a los medios a utilizar o gastos a incurrir, la cúpula utemecista deberá controlar y mantener el poder dentro de la uTM (principio fundamental del Darwinismo social aplicado a una situación específica).
Sin embargo, en virtud de su alegato de ser “una institución de educación superior”, la uTM también tiene que urdir un frontispicio justificativo de tan incómodo apelativo. Las tareas relacionadas con esta última finalidad encuentran su expresión en el árido e indimensionable territorio que ellos llaman la “academia utemecista”, la cual no es otra cosa que el conjunto de disparatadas e inconexas actividades de bajo perfil de complejidad desplegadas por el gran cinturón periférico académico-administrativo del ente.
Este cinturón, convenientemente dispuesto alrededor de la cúpula ejecutiva, posee muy poca masa inercial, es decir, su impacto en la solución de los problemas del entorno social es imperceptible. En gran medida esto es consecuencia de la mencionada definición operacional de la uTM.
Pero lo que de verdad pone a levitar a la academia utemecista es el hecho de que la organización de sus acciones es regida por el gran principio maldonadista de la descentralización de facto. Esta consiste en dejar que las facultades e institutos hagan o no hagan o digan que hacen sin hacer, según como les parezca, y de la misma manera dentro de las facultades con relación a sus escuelas y dentro de estas con relación a sus departamentos y más periféricamente aun, con las asignaturas y todavía más allá de estas últimas, las tareas didácticas entregadas al personal, siendo que allí es donde se alcanza el elemento orbitante más lejano, descentralizado y final del sistema: la venerada, útil e insustituible clase teórica (analizada en la siguiente entrega).
Bajo esta falsa cubierta y pretensión y a objeto de dar cumplimiento a su finalidad la uTM reclama y obtiene un gigantesco presupuesto proveniente, en su casi totalidad, de los fondos de la nación.
Operacionalmente lo más importante de la uTM es que no tiene objetivos, solo tareas políticas. Estas tareas están encaminadas a una sola y perentoria finalidad: Sin reparar en cuanto a los medios a utilizar o gastos a incurrir, la cúpula utemecista deberá controlar y mantener el poder dentro de la uTM (principio fundamental del Darwinismo social aplicado a una situación específica).
Sin embargo, en virtud de su alegato de ser “una institución de educación superior”, la uTM también tiene que urdir un frontispicio justificativo de tan incómodo apelativo. Las tareas relacionadas con esta última finalidad encuentran su expresión en el árido e indimensionable territorio que ellos llaman la “academia utemecista”, la cual no es otra cosa que el conjunto de disparatadas e inconexas actividades de bajo perfil de complejidad desplegadas por el gran cinturón periférico académico-administrativo del ente.
Este cinturón, convenientemente dispuesto alrededor de la cúpula ejecutiva, posee muy poca masa inercial, es decir, su impacto en la solución de los problemas del entorno social es imperceptible. En gran medida esto es consecuencia de la mencionada definición operacional de la uTM.
Pero lo que de verdad pone a levitar a la academia utemecista es el hecho de que la organización de sus acciones es regida por el gran principio maldonadista de la descentralización de facto. Esta consiste en dejar que las facultades e institutos hagan o no hagan o digan que hacen sin hacer, según como les parezca, y de la misma manera dentro de las facultades con relación a sus escuelas y dentro de estas con relación a sus departamentos y más periféricamente aun, con las asignaturas y todavía más allá de estas últimas, las tareas didácticas entregadas al personal, siendo que allí es donde se alcanza el elemento orbitante más lejano, descentralizado y final del sistema: la venerada, útil e insustituible clase teórica (analizada en la siguiente entrega).

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