lunes, 2 de marzo de 2009

Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XIII)

Desafortunadamente ni el gobierno ni la jerarquía católica han mostrado interés en continuar el trabajo que falta por hacer a partir del año 1935. Desde esa fecha para acá todavía hay millones de registros asentados en libros de papel (civiles y eclesiásticos) en continuo e irreversible proceso de deterioro. Esta “apatía histórica” es otro síntoma cardinal de tercermundismo.

Asombroso como pueda parecer, las hemerotecas de importantes periódicos como El Siglo (Aragua) y El Carabobeño (Carabobo) son de papel, por cierto de la peor calidad (papel periódico). Por motivos de seguridad y comodidad al público interesado, todo ese material debería de estar registrado en microfilmes. Los microfilmes ocupan muy poco espacio y varias copias pueden estar en edificios o ciudades diferentes, en resguardo de eventualidades.

Nuestra indiferencia histórica nos hace perder también cantidades gigantescas de tradición oral. Importante porque la historia tiene su fundamento a partir de lo que refieren los testigos presenciales de los hechos, desde el General que ganó o perdió batallas, hasta el abuelito que en su juventud participó como soldado y todavía recuerda mucho de esos eventos y efemérides.

Por ejemplo, J. A. De Armas Chitty en su libro (Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República, 1982) refiere (P. 56) “En plena adolescencia, en 1922, oímos decir a los ancianos Florencio Medina, Juan José Bastidas y otros, todos nativos de Santa María, que el pueblo se inició en el sitio de Santa María la Vieja, por la Corona, donde hubo una aguada mucho después de la década del 30. Hubo también hacia Dividive, por Banco de Ipire, otras fundaciones en el comienzo.” Santa María de Ipire es matriculado como pueblo en el año de 1768 ¿Qué puede ser más trascendental en la vida de una comunidad que el nacimiento de un nuevo pueblo? Se inicia con 22 casas y 43 vecinos (Matrícula del Pbro. José Felipe Mora, Archivo Arquidiocesano, 1768, referencia mencionada en el libro de Chitty).

La siguiente es una historia que me fue referida por primera vez por mi padre, Horacio Galindo (Médico y Cirujano, escritor, pintor, pianista, político −Vicepresidente del Congreso Nacional de Guatemala durante la Presidencia del Dr. Juan José Arévalo− y extraordinario cuentista) y que de una manera muy especial está vinculada a mi familia y a la espaciosa casa de mis abuelos (que es como yo la recuerdo por haber vivido allí hasta la edad de tres años) en el pueblito de Huehuetenango:

“Ramiro y Miguel Ángel, dos de los hijos de Don Eustaquio Herrera y su esposa Doña Juanita, fueron a estudiar medicina a Chile. Miguel Ángel tras graduarse se radicó permanentemente en ese país, pero Ramiro regresó en 1922, como médico bacteriólogo. De Chile trajo semillas de un árbol típico de allá, la jacaranda (o jacarandá, árbol bignoniáceo, de flores moradas en forma de campana). Pero como el patio de su casa no era lo suficientemente grande, Doña Juanita le regaló las semillas a mi abuela Ceferina quien las sembró en el patio de su casa. Allí crecieron dos jacarandas frondosísimas que a los dos años, ya se habían cubierto totalmente de flores.

“En 1927 mi tío Rafael y mi papá Horacio fueron a la capital de la república y le llevaron semillas de esos árboles a Don Ulises Rojas, conocido botánico guatemalteco, quien se dio a la tarea de sembrarlas en los parques y avenidas de la ciudad, particularmente la llamada Avenida del Hipódromo y la Avenida del Reformador. Con el tiempo las semillas fueron llevadas a otros sitios y en la actualidad, las jacarandas son ampliamente apreciadas y adornan muchas de las plazas y avenidas del país.

“Un detalle interesante de la jacaranda es que es un árbol muy difícil de pintar (mi papá era pintor aficionado y tenía muchos amigos pintores, en especial los maestros Don Carlos Rigalt y Don Humberto Garavito). El maestro Garavito, indudablemente el mejor pintor que ha tenido Guatemala (click aqui), era de la opinión que tal tarea era imposible”
(ver foto en http://www.mthelenavet.com.au/images/story/jacaranda.jpg, también en http://www.photographersdirect.com/stockimages/j/jacaranda_trees.asp, vistas de avenidas)

De muchacho recuerdo ir con otros amigos a jugar béisbol al llamado Hipódromo (no tenía nada de hípico). Cuando las jacarandas estaban floreando, nos gustaba succionar la deliciosa miel de las tubulares campanitas moradas regadas por todos lados. En esos días yo no conocía que esos luminosos árboles estaban tan estrechamente vinculados a mi familia. Ahora esa información me llena de tranquila satisfacción y orgullo.

Infinidad de pequeños bloques como esos también sirven para levantar el gran edificio de la patria.

1 comentario:

mkshistory dijo...

Most beautiful your story of the jacarnda trees and the influence that it had on your own family experience and memories. A treasure of knowledge for sure.

How unfortunate that our records have not been kept with a more tedious attention. Keep up the writing. How very important it si. MK