Estamos a fines del mes de febrero (2009) y los apátridas ya iniciaron los primeros ataques incendiarios en la vecindad del Parque Nacional Henri Pittier, sitio que desde hace años ha sido para mi una de las dos mitades del molde con el que he creado la patria en mi interior (haga click aquì). Esta es la mitad que corresponde a su parte física, es decir sus montañas, ríos, aves, bosques y todos los elementos vivos o inertes que conforma su territorio. La otra mitad es la historia, en este caso, obviamente el Libertador Simón Bolívar (Pulsar aquì)
Pero esa patria no es Venezuela, esa patria es la Gran Colombia: Porque no voy a ser yo, aun a estas alturas, quién con mi aprobación, beneplácito o indiferente mirada retrospectiva, se incorpore a la lista de los traidores (Páez, Santander, Gamarra, Flores, Santa Cruz) que, motivados por infames y deleznables ambiciones de poder personal, desbarataron la patria de Bolívar.
Simón Bolívar no solo conoció sino que vivió el territorio (la vasta extensión que comprendía el Virreinato de Nueva Granada −incluyendo la Capitanía General de Venezuela− y el Virreinato del Perú) como ninguno antes ni después lo ha conocido y vivido ni lo conocerá y vivirá jamás: palmo a palmo, a pié, en mula, a caballo (segùn algunos calculan, fueron 123,000 Km!) a veces con las posaderas llagadas y sangrando, con carbunclos (abscesos maduros) sin reventar y reventados.
Este territorio, selva, desierto, pantano, calurosa llanura, grandes lagos, bosques, caudalosos ríos, y frígidos y encumbrados picos y altiplanos, tenía una extensión de 4, 738,900 Km2, (exactamente la mitad del actual territorio de los Estados Unidos de América). Su frontera oriental era la costa del Océano Atlántico y su frontera occidental la costa del Océano Pacífico, esta ultima abarcando la mitad de toda la costa oeste de America del Sur. Así de inmensa era la patria que Bolívar construía. Millones y millones de babas, cocodrilos, delfines, chiguires, picures, tigres, tragavenados, monos, venados, coyotes, peces de todos los tipos y tamaños, miles de especies de aves, millones de especies de exóticos insectos y una flora aun más exótica, todo eso y mucho más habitando en perfecto equilibrio ecológico sobre esa tierra.
Piedras y metales preciosos abundaban en esa tierra, ni hablar de la casi ilimitada riqueza del subsuelo que todavía usamos para sobrevivir diariamente. La Gran Colombia era en verdad El Dorado. Un sitio donde los esforzados hubieran podido crear leyendas pioneras y realizar cualquier noble sueño, por atrevido que este hubiera sido.
Más adelante veremos como las “independencias de La Independencia”, que acabaron con El Dorado mediante el surgimiento de seis naciones (incluyendo a Panamá) de profunda vocación tercermundista, lo único que produjeron fueron catastróficas guerras fratricidas que convirtieron a sus habitantes, en hostiles e indeseables extranjeros los unos para con los otros. Latinoamérica, idéntica en territorio, mestizaje, lengua, religión y tercermundismo, es sin embargo un conglomerado de extranjeros (colombianos, panameños, bolivianos, etc.) que se ven de reojo, con desconfianza y resentimiento mutuo, atentos a erizarse en alharacas de guerras y escaramuzas bélicas a la menor provocación. Nuestra condición es en verdad lastimosa… y en mi opinión, irreversible.
El Parque Nacional Henri Pittier, ubicado principalmente en la vertiente sur de la Cordillera de la Costa, al frente del Estado Aragua, incluye una área de mil kilómetros cuadrados de dicha vertiente los cuales en su época prístina incluían todo tipo de vegetación, especialmente de la llamada selva húmeda así como “espectaculares bosques nublados y una abundante y variada flora y fauna sitio de residencia de 500 especies de aves” (Steven L. Hilty. Aves de Venezuela. Second Edition, Princeton University Press, 2003, p. 31).
Este libro de Hilty (no disponible en Venezuela!) es una verdadera Biblia ornitológica, una referencia indispensable para la identificación de las aves que logro fotografiar en los alrededores del Parque Nacional Henri Pittier. No solamente contiene una descripción de la totalidad de las 1,381 especies de aves conocidas en Venezuela sino que la mayoría de estas aparecen en 67 placas de realísticas ilustraciones a color.
Todavía no he hecho un recuento de cuantas especies he podido fotografiar al aire libre, quizás entre 50 ó 100 de las 500 especies que se supone pueden ser encontradas en esta zona (años atrás la revista National Geographic señaló al Parque Nacional Henri Pittier como un sitio especial para la observación de aves). Pero el lugar está decayendo rápidamente y la cantidad y variedad de animales que aquí viven disminuye de manera evidente. Algunas de las aves fotografiadas no las he vuelto a ver en por lo menos los dos últimos años.
Ni hablar de monos araguatos (aullador), venados, tigrillos y hasta cunaguaros (felinos un poco más grande que el tigrillo) que algunos vecinos recuerdan haber visto en los alrededores. Picures, que yo mismo pude ver y fotografiar, hace tres años que no vienen en busca de las papas cocidas que diariamente les poníamos en el jardín que colinda en la quebrada. Ardillas todavía hay, rabipelados casi no se ven como antes, cuando todavía podían tener su hogar en cuevas naturales de las grandes y numerosas piedras del patio, convenientemente alimentados con huevos de gallina colocados en las cercanías. Ratas y ratones, siguen abundando y con estos, alguna que otra mapanare que vive de ellos.
¿A dónde fueron o donde están ahora los araguatos, los perezosos, los cunaguaros, venados, cachicamos, picures, y otros? Fueron extinguidos a plomazo limpio de estos lares. Algunos pocos, ahuyentados por la pólvora y los incendios, quizás todavía sobrevivan en algún paraje profundo y escondido de los altos bosques nublados. Otros como los murciélagos, grandes y pequeños, así como los sapos y ranas, que hace unos tres o cuatro años atrás eran abundantes, ahora apenas se ven, de vez en cuando, baj0 la forma de uno que otro solitario ejemplar. Están en vías de extinción.
Ahora el territorio le pertenece al hombre, su machete y mechero y a sus perros asesinos (de iguanas, rabipelados y picures) y a ese otro criminal laxamente asociados con nosotros, el gato feral (devorador de huevos y pichones de aves, especialmente pollitos de guacharacas). Esto no significa que el hombre no pudiera compartir la naturaleza con el resto de sus componentes vivos e inertes. Pero requiere de hombres y mujeres que conozcan y amen a su patria (ciudadanos), porque estos, instintivamente, no solo van a respetar el ambiente sino que también harán esfuerzos para su preservación y crecimiento. Ir a: http://picasaweb.google.com/otobgil/HenriPittierIII#5310904164880849282
domingo, 8 de marzo de 2009
Boletín Especial: El Libertador Simón Bilívar y la Patria (XIV)
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