domingo, 1 de marzo de 2009

Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XI)


No existe pues en nuestro medio, por falta de adecuada enseñanza y consiguiente pérdida de cultura cívica, un aprecio por los pocos reservorios que aun quedan de nuestro pasado. Como tal estos nichos históricos van perdiendo su contenido de manera rápida, sostenida e irreversible: Libros, documentos, objetos (la famosa Venus de Tacarigua, hace años que fue robada del Museo Antropológico de Maracay, en su lugar se exhibe una réplica), edificios, registros, fotografías, pinturas, actas, testigos y muchos más. Arriba una reproducciòn de dicha venus aunque mejor pudiera llamarse Adonis, por sus caracterìsticas masculinas. Para ver la versiòn femenina click femenina.

Un ejemplo dramático pero que ha tenido un desenlace feliz son los miles de libros de registros eclesiásticos o parroquiales (que datan del siglo XVIII) y registros civiles (iniciados a mediados del siglo XIX) conteniendo datos (nombres, lugares, fechas, testigos, oficiantes, parientes) de nacimientos, matrimonios y defunciones de la población venezolana. Hay que visitar los locales donde se albergan y manejan estos registros para enterarse del descuido y abandono en que se encuentran esos preciosos libros históricos, muchos arrumados en cualquier rincón, a veces carcomidos por las plagas o echados a perder por la humedad y aun las filtraciones del agua de lluvia, mutilaciones y también casos de incendios de oficinas con destrucción de todo el material. Estos libros contienen la genealogía individual de cada uno de nosotros, con todos los vínculos familiares que fueron establecidos y que culminaron con nuestra propia existencia: Padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tíos y tías, primos, primas y parientes de varias generaciones atrás.

Mucho se ha perdido pero la degradación física de este material se contuvo (en el punto en que se encontraba) merced a la providencial intervención de un programa de microfilmado de estos registros llevado a cabo a todo lo largo y ancho del país, desde los inicios de estas anotaciones (a mediados de 1700) hasta el año de 1935. Esto también incluyó al resto de los países de Latinoamérica. El programa es auspiciado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y se llevó a cabo con la aprobación del gobierno nacional y de las autoridades eclesiásticas correspondientes.

En Venezuela, únicamente en el estado Carabobo, por disposición expresa de Monseñor Uroza, no se había permitido la microfilmación de sus libros eclesiásticos. Finalmente después de varios años de impasse, los libros se abrieron al proceso pero solo después de una “sugerencia” directa del nuevo prelado de Roma, el Papa Benedicto XVI. Esto pone en evidencia la importancia global de este programa de rescate genealógico. Porque con esto, millones de esos nombres ya no terminarán, por destrucción de los escritos asentados, en el olvido total. Ahora están asegurados y algún día quizás alguien los irá a buscar.

Este programa tiene otras importantes características: Primero, es gratuito. Ni los gobiernos ni la iglesia católica tuvieron que hacer ningún tipo de pago o inversión para su implementación. Segundo, tanto el gobierno como la iglesia católica, reciben una copia en microfilme de todo el trabajo realizado (gratuitamente por supuesto). Tercero, copias adicionales se guardan en bóvedas especialmente construidas dentro de una montaña de granito en Lago Salado (Utah, USA), en donde la temperatura, la humedad, flujo de aire y otros parámetros se mantienen de manera óptima para la preservación de los millones de microfilmes allí almacenados. Finalmente existen en todos los países unidades de trabajo especiales (Centros de Historia Familiar) donde cualquier persona puede solicitar el microfilme de su pueblo o ciudad, por año y por tipo de registro (nacimientos, matrimonios, defunciones) y estudiarlo usando las lectoras de microfilme del centro. El servicio también es gratuito y se lleva a cabo en un ambiente libre de proselitismo religioso.

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