domingo, 31 de agosto de 2008

Boletìn No. 12: Darwinismo Social y Tercermundismo en Latinoamèrica (II)

“Al victorioso no se le pregunta si ha dicho la verdad o no. Cuando estemos en esta guerra, no es la verdad lo que importará sino la victoria, porque el más fuerte siempre tiene la razòn.” Adolfo Hitler, conclusión de su arenga a los jefes militares alemanes, el 22 de Agosto de 1936, antes de la invasión de Polonia. Kershaw, Ian, Hitler, Nemesis, Norton (2001) p. 209

Es indudable que el surgimiento del Darwinismo social se ve fuertemente favorecido por la innata conducta de todos los seres humanos (y en realidad de todos los animales del reino, desde la ameba hasta nuestro más cercano pariente, el chimpancé) de anhelar y buscar la gratificaciòn pronta y con mínimo esfuerzo de nuestras nececesidades y apetitos.

Pero entre los seres humanos viviendo dentro de una sociedad civilizada, esta energía debe ser y es regulada y canalizada mediante el establecimiento de procedimientos, reglamentos y leyes que protegen los derechos de todos, mientras determina límites a muchos de estos primitivos impulsos internos, cuya libre o desbordada manifestación afectaría seriamente el orden social y la igualdad de derechos. Esto implica también la necesidad de imponer sanciones a los que sobrepasan los extremos de la legalidad establecida, incluyendo la separación permanente del resto de la sociedad y aun, en algunos países, la pérdida de la vida del transgresor.

El ciudadano educado se apega a dicho sistema (si tiene la suerte de vivir en uno de estos) pues comprende que del orden y bienestar común depende también la buena marcha de sus propios asuntos.

La combinación de ciudadanos con buena educación regidos por un sistema legal justo y eficiente es lo que caracteriza a los países del primer mundo.

Por el contrario, la combinación de ciudadanos pobremente educados desenvolviendose dentro de un sistema legal ineficiente y corrupto, es el medio social que caracteriza a nuestros países tercermundistas.

Bajo estas últimas condiciones, todo tipo de eventos degenerativos y autodestructivos son posibles y ocurren constantemente, desde la simple descortesía cotidiana entre ciudadanos, pasando por la inseguridad general, la corrupción e ineficiencia en el funcionamiento de los entes privados y públicos y la insalubridad, hasta incluir la obvia consecuencia de todo lo anterior cual es la drástica reducción en la expectativa de vida. El quehacer del ciudadano común se hace cada vez más miserable y difícil.

Circunstancias históricas determinan cual de los dos caminos ha de transitar una nación o conglomerado humano.

Este destino, sea primermundismo o tercermundismo, no tiene nada que ver (no se correlaciona) con ninguna característica biológica de los grupos en cuestión, sea esta de tipo motor (fuerza física, velocidad) o neuronal (intelecto). Esto se debe a que, en la especie humana, no hay razas superiores a otras y, por lo tanto, todos estos grupos o conglomerados tienen el mismo potencial de desarrollo, supervivencia y éxito social. Pero también todos llevan consigo el germen de su decadencia y autodestrucción.

El siguiente paso es analizar las circunstancias históricas mencionadas y su papel determinista en cuanto al bienestar de las poblaciones.

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