En México, entre las clases pudientes, políticos conscientes, clero y militares patriotas, el pesimismo era grande y no era para menos. En treinta años de vida independiente el pueblo no había tenido paz, ni desarrollo económico, ni concordia social ni estabilidad política y para colmo, de la noche a la mañana, el país había perdido la mitad de su territorio. Lo que sigue es como para morirse de la risa si no fuera por el hecho de que es parte verdadera de nuestra trágica y triste historia.
Suben a la presidencia de México dos militares, José Joaquín Herrera, que gobierna por un año (1848-49) y Mariano Arista, también por un año (1851-52). Arista fue obligado a renunciar porque los conservadores (hacendados, clérigos, comerciantes) sacan a la luz El Plan Hospicio y proclaman que ha llegado el momento de salvar a la patria y lo bueno del plan es que tienen al hombre capaz de lograr este milagro: Por absurdo que parezca, se trata del mismísimo General Antonio López de Santa Anna, hombre que como vimos, era experimentado en perder guerras y que además había sido el responsable de la pérdida de cuantiosas extensiones del territorio patrio.
Santa Anna sale del destierro (1853) y regresa a mandar de nuevo, cosa que hará despóticamente durante los siguientes años, pero no sin antes decretar que la dictadura tendrá duración indefinida, que asume derecho exclusivo para elegir sucesor y que deberá ser investido con el manto púrpura de la Monarquía de México, en virtud del cual fuero exige y recibirá, el título de Su Alteza Serenísima.
Sin embargo Santa Anna se encontró con que como consecuencia de tantos disturbios y revoluciones, las arcas del tesoro estaban vacías. Si el caudillo iba a gobernar como se debe, necesitaba dinero. ¿Para los millones de pobres y necesitados? ¿Para el pelotón de huérfanos y viudas de las mentadas revoluciones? No, Santa Anna necesitaba dinero para expandir y rearmar su ejército y para esto ya tenía un plan basado en las exitosas transacciones hechas en el pasado bajo su misma supervisión: Venderle a los Estados Unidos otro pedazo de tierra patria. Es así como en 1853 les vende a los norteamericanos todo el territorio mexicano ubicado al sur del río Gila (sur de Arizona y New Mexico), cerca de 100,000 Km2, por la suma de diez millones de dollares (the Gadsen Purchase).
Desafortunadamente (para Santa Anna) las fuerzas liberales del país a tal grado se habían ya obstinado de la opresión dictatorial, desaciertos, arbitrariedades y corrupción del gobierno que decidieron salir del problema aplicándole la gran panacea latinoamericana, cual es la revolución.
La rebelión se inició en el estado Guerrero pero pronto se extendió a otros departamentos. Las tropas salieron a sofocar el levantamiento, con tan buena suerte para los sublevados que el propio Santa Anna había insistido en ponerse al frente del ejército. Una vez más el caudillo fue derrotado y el 18 de Agosto de 1855 Su Alteza Serenísima tomó las de Villadiego desterrándose para Colombia.
Pero los problemas de México no iban a terminar porque faltaba por experimentar un segundo imperio, una segunda guerra de independencia, el Porfiriato, otra revolución, la era del terror con Huerta, sin olvidar la leyenda de los bandoleros “heroicos” Pancho Villa y Emiliano Zapata. Ambos caudillos, crueles, analfabetas, ambiciosos y violentos en extremo, tienen más que suficientemente ganada la indudable distinción de que se les considere íconos excelsos del Darwinismo social.
Antes de continuar es importante señalar que el Darwinismo social y los caudillos como su producto más representativo, son un fenómeno común a los países del tercer mundo y que los casos presentados no hacen señalamiento de unos con exclusión a otros. Ninguno de nuestros países latinoamericanos se salva del diseño el cual, como se dijo en las primeras entregas, explica el mutismo científico, humanístico y deportivo de la parte iberoamericana del continente, así como su desorganización social y política y la infelicidad, falta de prosperidad y desesperanza del grueso de su población.
jueves, 23 de octubre de 2008
Boletin No.20: La Era de los Caudillos y el Tercermundismo (IV)
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