Los caudillos son la célula fundamental, el elemento más depurado y precioso del Darwinismo Social. Los caudillos de la era independentista y de nuestros tiempos, no estaban ni están allí para redimir a los oprimidos ni para rescatar a los pobres. Su único propósito era (es) hacerse del poder y de cualquier recurso disponible para su beneficio y provecho personal. Los gauchos, la indiada, los negros, los criollos y mestizos, los charros, los zambos, y pardos, en fin, los pobres y desposeídos del continente eran tomados en cuenta solo para ser usados como carne de cañón y para formar harapientos y mal nutridos grupos de combate que más que ejércitos eran jaurías humanas hambrientas lanzadas al pillaje y destrucción de cualquier comarca por donde se movilizaban. En esos tiempos esa era la situación, desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego.
Hemos analizado algunos aspectos de lo que ocurría en América del Sur. En el Norte, la independencia de México también transcurrió bajo el control de un enorme contingente de caudillos. Sin embargo México es el país que más caro ha pagado como consecuencia directa de las acciones de estos.
De todo el enorme grupo de actores de la independencia mexicana, solo tres personajes tuvieron algún tipo de agenda de reivindicación social para las masas indígenas. Uno de ellos fue el cura Miguel Hidalgo nacido en Guanajuato (1753), el que se alzó en Dolores donde el 16 de septiembre de 1810 declaró la independencia de México (que entonces era parte principalísima del Virreinato de Nueva España). Además decretó la entrega de tierras cultivables a los indios y la abolición de la esclavitud. Desafortunadamente no pudo impedir que sus empobrecidas y salvajes tropas saquearan todo cuanto encontraban a su paso. Aun así lograron llegar y sitiar la misma capital del virreinato. Inexplicablemente Hidalgo dio marcha atrás y habiendo sido traicionado por uno de sus compañeros (Ignacio Elizondo) fue capturado y fusilado (1811).
José María Morelos, sacerdote como Hidalgo y compañero de este, continuó la lucha de manera brillante. Comprendió la necesidad de sustituir las chusmas indisciplinadas de Hidalgo, por ejércitos poco numerosos pero ordenados y sobre todo, convenientemente armados. Su ejército no pasó de 6000 hombres pero con él, realizó las campañas más notables del movimiento emancipador. En el Acta de la Independencia (1813) quedaron plasmadas sus ideas: Separación de España y de cualquier otro gobierno o monarquía, soberanía popular, separación de poderes, igualdad ante la ley, respeto a la propiedad, abolición de la tortura, abolición de castas y de la esclavitud. Con ello Morelos se reveló como genio militar y reformador político y social.
Morelos fue derrotado por las tropas españolas en Tehuacán y fusilado por orden de Agustín de Iturbide, en ese entonces jefe realista a las órdenes del virrey de la Nueva España. La muerte de Morelos inicia la etapa de decadencia del movimiento insurgente.
El otro personaje fue Benito Juárez, abogado ilustre y hombre íntegro e impecablemente honesto (cualidad excepcional y rara en los medios políticos y económicos en general) creador de leyes para la igualdad jurídica de los indios, el derecho a la tierra, la libertad de cultos y la separación del estado de la entonce poderosa Iglesia Católica. Fue presidente de México y líder de la llamada segunda independencia (esta vez de Francia). Fue reelecto presidente por segunda vez y hubiera sido derrocado y fusilado (como era la costumbre) por el General Porfirio Díaz si no hubiera sido que tuvo la suerte de morir de un infarto cardíaco antes de la llegada del caudillo. Porfirio Díaz se había alzado al grito de “no reelección” que asumió como lema, pero naturalmente al conquistar el poder, se olvidó del principio reeligiéndose siete veces. Su estadía en el poder se extendió a lo largo de 35 años (el Porfiriato, 1876-1911).
jueves, 23 de octubre de 2008
Boletin No.18: La Era de los Caudillos y el Tercermundismo (II)
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