En Venezuela, durante la época de la colonia, los indios que habían sobrevivido a las grandes matanzas, trabajaban como esclavos en las haciendas de los creoles. Esta actividad era compartida por esclavos negros provenientes de África y de la región caribeña. Censos eclesiásticos de la época revelan la enorme cantidad de personas que, viviendo bajo estas condiciones de esclavitud, trabajaban mancomunadamente en dichas haciendas.
En esos días, levantar el censo rural era la responsabilidad del cura de cada zona y caserío. En los sitios de su jurisdicción, este dedicado funcionario se desplazaba por el camino principal y entraba en cada casa que encontraba en ambos lados de la calle o camino. En estas, con la familia reunida, el eclesiástico anotaba el nombre y apellidos de cada uno de ellos, incluyendo bisabuelos, abuelos, tíos y otros parientes residiendo en la casa. Pero también anotaba, en dos columnas, el nombre de los esclavos: en una columna los esclavos indios y en la otra los esclavos negros (solo el nombre, pues no se les concedía apellido) tomando nota de los que todavía no habían sido bautizados (microfilmes de dichas actas, donado al archivo genealógico de la IJSUD por el Dr. Germán Fleitas Núñez, notable cronista e historiador venezolano). Estos venerables registros muestran que en cada casa/hacienda había entre 20 y 30 esclavos indios y otros tantos esclavos negros. Esto traería notables consecuencias en cuanto a la conformación poblacional futura.
Porque bajo esas condiciones, en la obscuridad de miserables ranchos o entre los arbustos, quebradas y camburales aledaños, consensualmente algunas veces, forzadamente las más, se propició la mezcla de estas dos razas y después, la de sus descendientes entre sí, evento que continuaría durante los siguientes doscientos años hasta nuestros días, para dar origen a lo que hoy constituye el 70% de nuestra población. Basta con observar el fenotipo de nuestros criollos para advertir en ellos, en variable proporción, la presencia de los característicos rasgos propios de ambas razas.
Sin ir muy lejos, el Presidente Chávez es un criollo clásico que muestra tanto características negroides (el cabello, los labios) como indígenas (ojos pequeños, cuello corto, extremidades también cortas con manos y piés pequeños, piel lampiña y marcada tendencia a engordar bajo la típica dieta occidental rica en carbohidrartos y grasas).
(Para evitar malos entendidos me extenderé un poco más para mencionar que una de mis abuelas era una indígena perteneciente a la tribu Quiché (restos de lo que fuera el notable imperio Maya y autores del libro Popol-Vuh, especie de biblia Maya) y uno de mis abuelos era una mezcla de Azteca con (probablemente) español a medias de segunda generación y de no muy notable alcurnia por cuanto se desempeñaba como peón de una finca en California, cuando esto era todavía territorio mexicano. Una antigua foto de mi padre muestra en él, los rasgos de la inconfundible armonía facial maya).
Por cierto que la capacidad innata al desarrollo de los antiguos talentos se manifiesta en los descendientes mayas actuales: Facilidad para actividades artísticas, en particular la música, la pintura y las manualidades; gran talento para las matemáticas. Tremenda resistencia fìsica especialmente para largas caminatas y trotes. Al menos esto en mi experiencia pero también es probable que estos individuos pudieran llegar a ser arquitectos excepcionales, grandes astrónomos, médicos de primera linea. Estas conclusiones se desprenden de mis años de primaria y secundaria (en Guatemala) en una escuela católica para varones, cuyo fundador y director era el Arzobispo de dicho país (Mons. Mariano Rossell y Arellano). Este prelado se preocupó de que 50% de los estudiantes fueran indígenas puros, escogidos por él mismo, los cuales eran, con el consentimiento previo de sus padres, becados por la parroquia. No solo se les proveía con todo lo que necesitaban para sus estudios sino que además disfrutaban de dormitorio, comida y uniformes. En otra entrega compartiré mis experiencias al lado de estos hermanos indígenas.
Habiendo desarrollado todo lo anterior (ùltimas cuatro entradas) estamos listos para abordar el meollo del asunto: ¿Qué originó nuestro tercermundismo? Y ¿Qué lo nutre y profundiza?
domingo, 7 de septiembre de 2008
Boletìn No. 14: Darwinismo Social y Tercermundismo en Latinoamèrica (IV)
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