domingo, 14 de diciembre de 2008

Boletín No. 36: Autonomía Universitaria (Misión Imposible III)

Sin embargo ahora, tras las elecciones rectorales del mes pasado (noviembre 2008) ganadas de nuevo por el maldonadismo, el Prof. Miguel Pineda, cuya plancha de izquierda perdió feamente, ha decidido abrir la botella negra y dejar salir al brujo: Miguel elevó una solicitud de nulidad de los resultados electorales ante la Corte Suprema de Justicia, bajo el alegato de que el proceso, tal y como está definido por la Ley de Universidades, es inconstitucional. El argumento es que, dada la composición actual del claustro, en el evento quedan excluidos de votación directa, el 75% de los estudiantes e igualmente penoso para la democracia, la voluntad de los empleados y obreros tampoco es tomada en cuenta.

Si el alto tribunal considera pertinente el petitorio, el proceso que ahora contabiliza algo más de mil votos, la población contable se elevaría a quizás 60,000 votos (para el caso de la universidad Tercermundista de los Maldonado).

Miguel por su parte, sigue “jurungando” (hurgando) la caja de Pandora: Ha propuesto que la masa universitaria (estudiantes, obreros, profesores y empleados) de la universidad Tercermundista de los Maldonado (uTM) se manifieste mediante referendo en relación a la forma como debe ser integrado el claustro universitario. El anuncio se publicó en El Carabobeño, donde Miguel aparece escoltado por los directivos de la Coordinadora Regional del Programa Estudiantil Noel Rodríguez (PENR) y por los del del Movimiento Popular Revolucionario Fogata (MPRF).

Pero el punto no es que voten 50,000 imberbes carentes de experiencia académica (por eso son estudiantes) ni que voten los empleados y obreros que, con contadas excepciones, tampoco tienen ninguna idea de lo que es la academia. El punto es que ninguno debe votar, ni siquiera los profesores (o quizás mucho menos ellos) porque estas deberían ser instituciones de competencia y trabajo académico y no de popularidad electoral. Esta politización es totalmente incompatible con el quehacer universitario, el cual debería estar centrado en la capacidad de sus miembros para rendir trabajo intelectual de alto nivel. Esta “democratización académica” ha sido causa de la desmoralización y corrupción institucional y de su inoperancia e irrelevancia.

El 07 de junio del año 2000, cuando Ricardo se lanzó por segunda vez, les hice entrega a los Maldonado de un análisis relacionado con las causas de la inoperancia institucional. Ese documento contiene, en forma muy resumida, muchos de los puntos que ahora desarrollo (en este blog) con más detalle. Por ejemplo en uno de los párrafos le señalaba a Ricardo:

“La causa del problema ha sido la introducción de un modelo distorsionado y demagógico de democracia académica. Todos los líderes de las universidades e instituciones académicas en general han logrado su posición cortejando y comprometiéndose con uno u otro de los partidos políticos del país o bien han sido postulados directamente por alguna de estas organizaciones. Los partidos a su vez han sido servidos con la canalización del presupuesto institucional hacia las empresas de sus simpatizantes (constructoras, bancos, aseguradoras, bienes raíces, equipos, mobiliarios etc.). Pero también y de mayor gravedad, a través de la mediatización y compromiso de las políticas de ingreso del personal académico, administrativo, obrero y estudiantil.

“El proceso se fortalece y desarrolla mediante el sistema electoral interno, que promueve el ascenso de líderes comprometidos a no exigir, no evaluar y en general, ignorar la calidad del desempeño del personal de la institución y el aprovechamiento de los educandos”.

Ninguno de estos dos caudillos tercermundistas (Ricardo y María Luisa) estaba de humor como para prestarle atención a estas y otras observaciones por mí presentadas en ese análisis. Por lo tanto, en los siguientes ocho años de su gestión rectoral estos personajes (Ricardo, María Luisa pedaleando en tándem hacia el abismo) le dieron el empujón final tercermundista a la institución, llevándola hacia su punto final de no retorno.

Por eso es que a la institución, apropiadamente se la conoce ahora como universidad Tercermundista de los Maldonado (uTM) −a pesar de no haber sido ellos los iniciadores del decadente proceso−.

Curiosamente es solo a las universidades a las que se les impone esta malévola estructura electoral.

Las fuerzas armadas por ejemplo, no han sido ni serán “democratizadas”. En el ejército no son los soldados, ni los oficiales los que deciden las líneas de autoridad superior.

Tampoco se piensa que ese sistema sea adecuado para la ordenación administrativa de los ministerios. Los curas no son llamados para escoger democráticamente a las autoridades eclesiásticas. Ninguna empresa comercial, independientemente de su tamaño o éxito económico, escoge su equipo gerencial mediante votación de empleados.

Si los anteriores estamentos utilizaran la democracia electoral como lo hacen las universidades, colapsarían al mismo nivel de incompetencia e improductividad en la que se encuentran estas desprestigiadas instituciones. De otra manera hace rato que hubieran escogido ese modelo para organizar sus cuadros directivos y de liderazgo.

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