
Si me atrevo a tocar este tema, reconociendo mi incapacidad e insuperables limitaciones para entender a este inusitado genio, es porque tengo algo importante que agregar en beneficio del cuidado que debemos a su legado histórico (ver el siguiente boletín).
Por una parte es importante enfatizar que el Libertador, aun cuando nacido en Venezuela, fue hijo de aristócratas Españoles. He ahí entonces un primer precioso legado que recibimos de España (hemos recibido tres) más que suficiente como para unirnos eternamente en agradecimiento con ese pueblo (a pesar de lo dicho en el boletín No. 23). Sin embargo es cierto que Simón Bolívar dedicó la mejor parte de su vida luchando para liberarnos del cruel coloniaje Español. ("Bolìvar en Campaña". Haga click en la imagen)
Pero también es cierto que al final, cuando enfermo, abatido (“hemos arado en el mar”) y hasta rechazado y sadísticamente vilipendiado por sus mismos compatriotas, fue la mano caritativa de un hidalgo peninsular, Don Joaquín de Mier, quien en Santa Marta (Colombia) personalmente lo recibió para a partir de ese momento (primero de diciembre) brindarle al moribundo, todas las comodidades que tenía a su alcance. Un médico europeo (el doctor Próspero Reverend) estuvo a su lado todos los días y a toda hora hasta el momento mismo de su muerte (17 de diciembre). Bolívar pudo inclusive dictar su testamento y hasta recibir la extremauncion (¿Qué es esto? −dijo en uno de sus momentos de lucidez− ¿Estaré tan malo para que se me hable de testamento y de confesarme?)
¿Cómo agradecerle a España ese gesto de perdonar con hechos de amor y no con palabras, al hostil continente histórico que para ellos representaba Bolívar en ese momento? Con ese gesto sus autores (el marqués de Mier, el doctor Reverend y la gente de la quinta de San Pedro Alejandrino) alcanzaban una cúspide moral pocas veces vista en la historia del cristianismo.
Los otros dos legados, como bien sabemos, son el idioma Español y la Religión Católica. Con esos tres monumentales legados, el idioma Español, la Religión Católica y Simón Bolívar, podíamos haber sido, primero, una continuación de la rica tradición cultural hispánica, segundo, practicantes de corazón de la ética y principios morales del cristianismo y tercero, una exitosa nación, la Gran Colombia, unidos y prósperos bajo verdaderos principios bolivarianos imperando sobre un territorio indudablemente repleto de cuantiosas riquezas naturales.
Pero no fue así porque los caudillos y sus seguidores (nosotros), decidimos tirar todo por la borda y convertirnos en náufragos de la historia, sin tradición, sin cultura, sin principios espirituales, irredentos de nuestra tradicional carnalidad y desenfreno y perpetuamente enguerrillados contra los de adentro y contra los de afuera tambien.
Perennes exportadores de petróleo y gasolina (leña líquida) e importadores de vehículos de combustión interna y de comida, secretamente hemos buscado salirnos de esto redactando 26 constituciones, cada una de ellas declarada moribunda en su momento. Porque es que al final, nuestra verdadera ley ha sido y seguirá siendo el Darwinismo social.
Con la muerte del Libertador todo se detiene a nuestro alrededor. Porque, “Lo que Bolívar no hizo −dijo José Martí− está por hacer en América todavía.” También porque con su muerte, se ponía “término a la más grande y tal vez única contribución de la América española a la historia universal" (Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar, Caracas, 1988, p. 548).
Por una parte es importante enfatizar que el Libertador, aun cuando nacido en Venezuela, fue hijo de aristócratas Españoles. He ahí entonces un primer precioso legado que recibimos de España (hemos recibido tres) más que suficiente como para unirnos eternamente en agradecimiento con ese pueblo (a pesar de lo dicho en el boletín No. 23). Sin embargo es cierto que Simón Bolívar dedicó la mejor parte de su vida luchando para liberarnos del cruel coloniaje Español. ("Bolìvar en Campaña". Haga click en la imagen)
Pero también es cierto que al final, cuando enfermo, abatido (“hemos arado en el mar”) y hasta rechazado y sadísticamente vilipendiado por sus mismos compatriotas, fue la mano caritativa de un hidalgo peninsular, Don Joaquín de Mier, quien en Santa Marta (Colombia) personalmente lo recibió para a partir de ese momento (primero de diciembre) brindarle al moribundo, todas las comodidades que tenía a su alcance. Un médico europeo (el doctor Próspero Reverend) estuvo a su lado todos los días y a toda hora hasta el momento mismo de su muerte (17 de diciembre). Bolívar pudo inclusive dictar su testamento y hasta recibir la extremauncion (¿Qué es esto? −dijo en uno de sus momentos de lucidez− ¿Estaré tan malo para que se me hable de testamento y de confesarme?)
¿Cómo agradecerle a España ese gesto de perdonar con hechos de amor y no con palabras, al hostil continente histórico que para ellos representaba Bolívar en ese momento? Con ese gesto sus autores (el marqués de Mier, el doctor Reverend y la gente de la quinta de San Pedro Alejandrino) alcanzaban una cúspide moral pocas veces vista en la historia del cristianismo.
Los otros dos legados, como bien sabemos, son el idioma Español y la Religión Católica. Con esos tres monumentales legados, el idioma Español, la Religión Católica y Simón Bolívar, podíamos haber sido, primero, una continuación de la rica tradición cultural hispánica, segundo, practicantes de corazón de la ética y principios morales del cristianismo y tercero, una exitosa nación, la Gran Colombia, unidos y prósperos bajo verdaderos principios bolivarianos imperando sobre un territorio indudablemente repleto de cuantiosas riquezas naturales.
Pero no fue así porque los caudillos y sus seguidores (nosotros), decidimos tirar todo por la borda y convertirnos en náufragos de la historia, sin tradición, sin cultura, sin principios espirituales, irredentos de nuestra tradicional carnalidad y desenfreno y perpetuamente enguerrillados contra los de adentro y contra los de afuera tambien.
Perennes exportadores de petróleo y gasolina (leña líquida) e importadores de vehículos de combustión interna y de comida, secretamente hemos buscado salirnos de esto redactando 26 constituciones, cada una de ellas declarada moribunda en su momento. Porque es que al final, nuestra verdadera ley ha sido y seguirá siendo el Darwinismo social.
Con la muerte del Libertador todo se detiene a nuestro alrededor. Porque, “Lo que Bolívar no hizo −dijo José Martí− está por hacer en América todavía.” También porque con su muerte, se ponía “término a la más grande y tal vez única contribución de la América española a la historia universal" (Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar, Caracas, 1988, p. 548).

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