Desafortunadamente ni el gobierno ni la jerarquía católica han mostrado interés en continuar el trabajo que falta por hacer a partir del año 1935. Desde esa fecha para acá todavía hay millones de registros asentados en libros de papel (civiles y eclesiásticos) en continuo e irreversible proceso de deterioro. Esta “apatía histórica” es otro síntoma cardinal de tercermundismo.
Asombroso como pueda parecer, las hemerotecas de importantes periódicos como El Siglo (Aragua) y El Carabobeño (Carabobo) son de papel, por cierto de la peor calidad (papel periódico). Por motivos de seguridad y comodidad al público interesado, todo ese material debería de estar registrado en microfilmes. Los microfilmes ocupan muy poco espacio y varias copias pueden estar en edificios o ciudades diferentes, en resguardo de eventualidades.
Nuestra indiferencia histórica nos hace perder también cantidades gigantescas de tradición oral. Importante porque la historia tiene su fundamento a partir de lo que refieren los testigos presenciales de los hechos, desde el General que ganó o perdió batallas, hasta el abuelito que en su juventud participó como soldado y todavía recuerda mucho de esos eventos y efemérides.
Por ejemplo, J. A. De Armas Chitty en su libro (Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República, 1982) refiere (P. 56) “En plena adolescencia, en 1922, oímos decir a los ancianos Florencio Medina, Juan José Bastidas y otros, todos nativos de Santa María, que el pueblo se inició en el sitio de Santa María la Vieja, por la Corona, donde hubo una aguada mucho después de la década del 30. Hubo también hacia Dividive, por Banco de Ipire, otras fundaciones en el comienzo.” Santa María de Ipire es matriculado como pueblo en el año de 1768 ¿Qué puede ser más trascendental en la vida de una comunidad que el nacimiento de un nuevo pueblo? Se inicia con 22 casas y 43 vecinos (Matrícula del Pbro. José Felipe Mora, Archivo Arquidiocesano, 1768, referencia mencionada en el libro de Chitty).
La siguiente es una historia que me fue referida por primera vez por mi padre, Horacio Galindo (Médico y Cirujano, escritor, pintor, pianista, político −Vicepresidente del Congreso Nacional de Guatemala durante la Presidencia del Dr. Juan José Arévalo− y extraordinario cuentista) y que de una manera muy especial está vinculada a mi familia y a la espaciosa casa de mis abuelos (que es como yo la recuerdo por haber vivido allí hasta la edad de tres años) en el pueblito de Huehuetenango:
“Ramiro y Miguel Ángel, dos de los hijos de Don Eustaquio Herrera y su esposa Doña Juanita, fueron a estudiar medicina a Chile. Miguel Ángel tras graduarse se radicó permanentemente en ese país, pero Ramiro regresó en 1922, como médico bacteriólogo. De Chile trajo semillas de un árbol típico de allá, la jacaranda (o jacarandá, árbol bignoniáceo, de flores moradas en forma de campana). Pero como el patio de su casa no era lo suficientemente grande, Doña Juanita le regaló las semillas a mi abuela Ceferina quien las sembró en el patio de su casa. Allí crecieron dos jacarandas frondosísimas que a los dos años, ya se habían cubierto totalmente de flores.
“En 1927 mi tío Rafael y mi papá Horacio fueron a la capital de la república y le llevaron semillas de esos árboles a Don Ulises Rojas, conocido botánico guatemalteco, quien se dio a la tarea de sembrarlas en los parques y avenidas de la ciudad, particularmente la llamada Avenida del Hipódromo y la Avenida del Reformador. Con el tiempo las semillas fueron llevadas a otros sitios y en la actualidad, las jacarandas son ampliamente apreciadas y adornan muchas de las plazas y avenidas del país.
“Un detalle interesante de la jacaranda es que es un árbol muy difícil de pintar (mi papá era pintor aficionado y tenía muchos amigos pintores, en especial los maestros Don Carlos Rigalt y Don Humberto Garavito). El maestro Garavito, indudablemente el mejor pintor que ha tenido Guatemala (click aqui), era de la opinión que tal tarea era imposible”
(ver foto en http://www.mthelenavet.com.au/images/story/jacaranda.jpg, también en http://www.photographersdirect.com/stockimages/j/jacaranda_trees.asp, vistas de avenidas)
De muchacho recuerdo ir con otros amigos a jugar béisbol al llamado Hipódromo (no tenía nada de hípico). Cuando las jacarandas estaban floreando, nos gustaba succionar la deliciosa miel de las tubulares campanitas moradas regadas por todos lados. En esos días yo no conocía que esos luminosos árboles estaban tan estrechamente vinculados a mi familia. Ahora esa información me llena de tranquila satisfacción y orgullo.
Infinidad de pequeños bloques como esos también sirven para levantar el gran edificio de la patria.
lunes, 2 de marzo de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XII)

Me voy a permitir tomar como ejemplo el remoto pueblito llamado Huehuetenango (Guatemala), en las serranías de los Cuchumatanes, frío, neblinoso y poblado de pinos. De esa humilde parcela humana, mayormente formada por indígenas de la tribu Quiché y Mam, existen 31 rollos de microfilmes de las páginas de registros parroquiales desde 1819 y civiles desde 1877, relacionados con nacimientos, matrimonios y defunciones hasta 1930. Allí encontré la fecha de nacimiento (y de bautismo) de mi abuela y bisabuelos, fecha de matrimonio con mi abuelo (nacido en San Caralampio, Chiapas, México) y posteriormente nacimiento de siete hijos incluyendo mi padre Horacio. Una complicada red de conexiones locales me unen con cuatro familias del pueblo (Herrarte, Villatoro, Castillo y Aguirre). Arriba y a la izquierda: Mi persona (dos años de edad, 1937) y a mi izquierda, mi primo Lionel Àlvarez, en Huehuetenango.
Utilizando el software mormón (Personal Ancestral File, que puede bajarse sin costo desde http://www.familysearch.org/eng/default.asp) es posible organizar toda la información y construir un árbol genealógico en cualquiera de sus modalidades, no importando la cantidad de nombres que se tenga y realizar sofisticadas búsquedas de los datos recolectados y llevar a cabo transaccciones por Internet mediante el protocolo GEDCOM, internacionalmente aceptado para permitir intercambiar datos con otras personas aun cuando estas estén usando programas genealógicos diferentes.
Pero eso no es todo: Este programa de rescate genealógico de la iglesia mormona también microfilma, con permiso del autor, libros que tengan que ver con la historia de pueblos y ciudades. De esta manera obtuve dos importantes (para mí) libros sobre la historia, geografía y familias de Huehuetenango. Uno, de Don Rubén Rivas Alvarado (Ensayo Autobiografico) y el otro de Don Adrián Recinos (Monografia del Departamento de Huehuetenango) lo que ha permitido dar algo de cuerpo y personalidad a varios familiares de las cuales solo tenía escuetos registros vitales.
Varios investigadores de la especialidad han buscado información en el Centro de Historia Familiar (FHC) de Maracay e inclusive han contribuido donando libros escritos por ellos relacionado con la historia de la región (el Dr. Germán Fleitas Núñez, abogado, connotado historiador, escritor y genealogista, nacido en La Victoria y el Profesor Oldman Botello, periodista, autor de numerosos libros, Cronista de Maracay, natural de Villa de Cura). Pero en general el interés del público venezolano es bajísimo. Haga click en FHC.
Esto ciertamente contrasta con la enorme popularidad que la historia familiar (genealogía) ha mantenido en los países del primer mundo, lugares en donde existen cientos de sociedades genealógicas y sitio de publicación de gran número de exitosos libros especializados en la materia.
Este interés por los antepasados y su historia dista de ser una novedad reciente. El primer libro de la Biblia (Génesis) en el Capítulo 5 hace un esfuerzo por presentar la descendencia de Adán y Eva (Set, Enós, Cainán para arribar, tras el progreso de varias generaciones, al mismo Noé, famoso por su confrontación con el Diluvio Terrenal. Para entonces Noé ya había engendrado a Sem, a Cam y a Jafet. El primero, antecesor de los persas, asirios, caldeos, armenios, sirios (el no menos famoso Abraham sale de Ur de los Caldeos). El segundo (Cam) es antecesor de los pueblos de África y Arabia. Del tercero (Jafet) vendrán los galos, bretones, germanos, rusos, griegos, romanos. La genealogia de Jesucristo en mostrada con gran detalle, tanto partiendo de Maria como de Jose, en ambos casos convergiendo en el Rey David.
Otro notable ejemplo:
“De un solo tronco se originaron estos reinos, cuando comenzó a brillar el sol, al principio de la luz:
Balam-Acab, primer abuelo y padre.
Qoacul y Qoacutec, la segunda generación.
Cochahuh y Cotzibahá, la tercera generación…
Siguen los nombres y en la duodécima generación se llega a:
Don Cristóval, así llamado, que reinó en tiempo de los castellanos”
Esta genealogía y muchas más se encuentran en el Popol Vuh, libro de las antiguas historias del Quiché. Es clara la gran importancia que los Mayas daban también al estudio y registro de las descendencias familiares.
No importa que pensemos que estas concatenaciones son meras leyendas y que los mencionados personajes realmente nunca existieron. El punto a destacar es el esfuerzo de los antiguos en crear registros de relaciones familiares y la intención de preservarlas para generaciones futuras. La idea no declarada es que aun cuando estas líneas genealógicas corresponden a grupos selectos (por virtud de liderazgo o alcurnia real) lo admirable es que cualquiera, con suficiente esfuerzo y determinación podría llegar a conectarse con ellas.
Utilizando el software mormón (Personal Ancestral File, que puede bajarse sin costo desde http://www.familysearch.org/eng/default.asp) es posible organizar toda la información y construir un árbol genealógico en cualquiera de sus modalidades, no importando la cantidad de nombres que se tenga y realizar sofisticadas búsquedas de los datos recolectados y llevar a cabo transaccciones por Internet mediante el protocolo GEDCOM, internacionalmente aceptado para permitir intercambiar datos con otras personas aun cuando estas estén usando programas genealógicos diferentes.
Pero eso no es todo: Este programa de rescate genealógico de la iglesia mormona también microfilma, con permiso del autor, libros que tengan que ver con la historia de pueblos y ciudades. De esta manera obtuve dos importantes (para mí) libros sobre la historia, geografía y familias de Huehuetenango. Uno, de Don Rubén Rivas Alvarado (Ensayo Autobiografico) y el otro de Don Adrián Recinos (Monografia del Departamento de Huehuetenango) lo que ha permitido dar algo de cuerpo y personalidad a varios familiares de las cuales solo tenía escuetos registros vitales.
Varios investigadores de la especialidad han buscado información en el Centro de Historia Familiar (FHC) de Maracay e inclusive han contribuido donando libros escritos por ellos relacionado con la historia de la región (el Dr. Germán Fleitas Núñez, abogado, connotado historiador, escritor y genealogista, nacido en La Victoria y el Profesor Oldman Botello, periodista, autor de numerosos libros, Cronista de Maracay, natural de Villa de Cura). Pero en general el interés del público venezolano es bajísimo. Haga click en FHC.
Esto ciertamente contrasta con la enorme popularidad que la historia familiar (genealogía) ha mantenido en los países del primer mundo, lugares en donde existen cientos de sociedades genealógicas y sitio de publicación de gran número de exitosos libros especializados en la materia.
Este interés por los antepasados y su historia dista de ser una novedad reciente. El primer libro de la Biblia (Génesis) en el Capítulo 5 hace un esfuerzo por presentar la descendencia de Adán y Eva (Set, Enós, Cainán para arribar, tras el progreso de varias generaciones, al mismo Noé, famoso por su confrontación con el Diluvio Terrenal. Para entonces Noé ya había engendrado a Sem, a Cam y a Jafet. El primero, antecesor de los persas, asirios, caldeos, armenios, sirios (el no menos famoso Abraham sale de Ur de los Caldeos). El segundo (Cam) es antecesor de los pueblos de África y Arabia. Del tercero (Jafet) vendrán los galos, bretones, germanos, rusos, griegos, romanos. La genealogia de Jesucristo en mostrada con gran detalle, tanto partiendo de Maria como de Jose, en ambos casos convergiendo en el Rey David.
Otro notable ejemplo:
“De un solo tronco se originaron estos reinos, cuando comenzó a brillar el sol, al principio de la luz:
Balam-Acab, primer abuelo y padre.
Qoacul y Qoacutec, la segunda generación.
Cochahuh y Cotzibahá, la tercera generación…
Siguen los nombres y en la duodécima generación se llega a:
Don Cristóval, así llamado, que reinó en tiempo de los castellanos”
Esta genealogía y muchas más se encuentran en el Popol Vuh, libro de las antiguas historias del Quiché. Es clara la gran importancia que los Mayas daban también al estudio y registro de las descendencias familiares.
No importa que pensemos que estas concatenaciones son meras leyendas y que los mencionados personajes realmente nunca existieron. El punto a destacar es el esfuerzo de los antiguos en crear registros de relaciones familiares y la intención de preservarlas para generaciones futuras. La idea no declarada es que aun cuando estas líneas genealógicas corresponden a grupos selectos (por virtud de liderazgo o alcurnia real) lo admirable es que cualquiera, con suficiente esfuerzo y determinación podría llegar a conectarse con ellas.
Porque la misma sangre de hombres y mujeres hace rato convertidos en polvo fluye por nuestras venas: “Somos los hijos de muchos progenitores, y cada gota de nuestra sangre está conectada con una multitud de ancestros” (Ralph Waldo Emerson, citado por William A. Roskey. How to Trace your Family Tree. American Genealogical Research Institute staff, Doubleday, 1973).
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Boletín Especial: El Libertador Simón Bolívar y la Patria (XI)

No existe pues en nuestro medio, por falta de adecuada enseñanza y consiguiente pérdida de cultura cívica, un aprecio por los pocos reservorios que aun quedan de nuestro pasado. Como tal estos nichos históricos van perdiendo su contenido de manera rápida, sostenida e irreversible: Libros, documentos, objetos (la famosa Venus de Tacarigua, hace años que fue robada del Museo Antropológico de Maracay, en su lugar se exhibe una réplica), edificios, registros, fotografías, pinturas, actas, testigos y muchos más. Arriba una reproducciòn de dicha venus aunque mejor pudiera llamarse Adonis, por sus caracterìsticas masculinas. Para ver la versiòn femenina click femenina.
Un ejemplo dramático pero que ha tenido un desenlace feliz son los miles de libros de registros eclesiásticos o parroquiales (que datan del siglo XVIII) y registros civiles (iniciados a mediados del siglo XIX) conteniendo datos (nombres, lugares, fechas, testigos, oficiantes, parientes) de nacimientos, matrimonios y defunciones de la población venezolana. Hay que visitar los locales donde se albergan y manejan estos registros para enterarse del descuido y abandono en que se encuentran esos preciosos libros históricos, muchos arrumados en cualquier rincón, a veces carcomidos por las plagas o echados a perder por la humedad y aun las filtraciones del agua de lluvia, mutilaciones y también casos de incendios de oficinas con destrucción de todo el material. Estos libros contienen la genealogía individual de cada uno de nosotros, con todos los vínculos familiares que fueron establecidos y que culminaron con nuestra propia existencia: Padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tíos y tías, primos, primas y parientes de varias generaciones atrás.
Mucho se ha perdido pero la degradación física de este material se contuvo (en el punto en que se encontraba) merced a la providencial intervención de un programa de microfilmado de estos registros llevado a cabo a todo lo largo y ancho del país, desde los inicios de estas anotaciones (a mediados de 1700) hasta el año de 1935. Esto también incluyó al resto de los países de Latinoamérica. El programa es auspiciado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y se llevó a cabo con la aprobación del gobierno nacional y de las autoridades eclesiásticas correspondientes.
En Venezuela, únicamente en el estado Carabobo, por disposición expresa de Monseñor Uroza, no se había permitido la microfilmación de sus libros eclesiásticos. Finalmente después de varios años de impasse, los libros se abrieron al proceso pero solo después de una “sugerencia” directa del nuevo prelado de Roma, el Papa Benedicto XVI. Esto pone en evidencia la importancia global de este programa de rescate genealógico. Porque con esto, millones de esos nombres ya no terminarán, por destrucción de los escritos asentados, en el olvido total. Ahora están asegurados y algún día quizás alguien los irá a buscar.
Este programa tiene otras importantes características: Primero, es gratuito. Ni los gobiernos ni la iglesia católica tuvieron que hacer ningún tipo de pago o inversión para su implementación. Segundo, tanto el gobierno como la iglesia católica, reciben una copia en microfilme de todo el trabajo realizado (gratuitamente por supuesto). Tercero, copias adicionales se guardan en bóvedas especialmente construidas dentro de una montaña de granito en Lago Salado (Utah, USA), en donde la temperatura, la humedad, flujo de aire y otros parámetros se mantienen de manera óptima para la preservación de los millones de microfilmes allí almacenados. Finalmente existen en todos los países unidades de trabajo especiales (Centros de Historia Familiar) donde cualquier persona puede solicitar el microfilme de su pueblo o ciudad, por año y por tipo de registro (nacimientos, matrimonios, defunciones) y estudiarlo usando las lectoras de microfilme del centro. El servicio también es gratuito y se lleva a cabo en un ambiente libre de proselitismo religioso.
Un ejemplo dramático pero que ha tenido un desenlace feliz son los miles de libros de registros eclesiásticos o parroquiales (que datan del siglo XVIII) y registros civiles (iniciados a mediados del siglo XIX) conteniendo datos (nombres, lugares, fechas, testigos, oficiantes, parientes) de nacimientos, matrimonios y defunciones de la población venezolana. Hay que visitar los locales donde se albergan y manejan estos registros para enterarse del descuido y abandono en que se encuentran esos preciosos libros históricos, muchos arrumados en cualquier rincón, a veces carcomidos por las plagas o echados a perder por la humedad y aun las filtraciones del agua de lluvia, mutilaciones y también casos de incendios de oficinas con destrucción de todo el material. Estos libros contienen la genealogía individual de cada uno de nosotros, con todos los vínculos familiares que fueron establecidos y que culminaron con nuestra propia existencia: Padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tíos y tías, primos, primas y parientes de varias generaciones atrás.
Mucho se ha perdido pero la degradación física de este material se contuvo (en el punto en que se encontraba) merced a la providencial intervención de un programa de microfilmado de estos registros llevado a cabo a todo lo largo y ancho del país, desde los inicios de estas anotaciones (a mediados de 1700) hasta el año de 1935. Esto también incluyó al resto de los países de Latinoamérica. El programa es auspiciado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y se llevó a cabo con la aprobación del gobierno nacional y de las autoridades eclesiásticas correspondientes.
En Venezuela, únicamente en el estado Carabobo, por disposición expresa de Monseñor Uroza, no se había permitido la microfilmación de sus libros eclesiásticos. Finalmente después de varios años de impasse, los libros se abrieron al proceso pero solo después de una “sugerencia” directa del nuevo prelado de Roma, el Papa Benedicto XVI. Esto pone en evidencia la importancia global de este programa de rescate genealógico. Porque con esto, millones de esos nombres ya no terminarán, por destrucción de los escritos asentados, en el olvido total. Ahora están asegurados y algún día quizás alguien los irá a buscar.
Este programa tiene otras importantes características: Primero, es gratuito. Ni los gobiernos ni la iglesia católica tuvieron que hacer ningún tipo de pago o inversión para su implementación. Segundo, tanto el gobierno como la iglesia católica, reciben una copia en microfilme de todo el trabajo realizado (gratuitamente por supuesto). Tercero, copias adicionales se guardan en bóvedas especialmente construidas dentro de una montaña de granito en Lago Salado (Utah, USA), en donde la temperatura, la humedad, flujo de aire y otros parámetros se mantienen de manera óptima para la preservación de los millones de microfilmes allí almacenados. Finalmente existen en todos los países unidades de trabajo especiales (Centros de Historia Familiar) donde cualquier persona puede solicitar el microfilme de su pueblo o ciudad, por año y por tipo de registro (nacimientos, matrimonios, defunciones) y estudiarlo usando las lectoras de microfilme del centro. El servicio también es gratuito y se lleva a cabo en un ambiente libre de proselitismo religioso.
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